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Directivos españoles por el mundo

Se acelera la exportación de talento. Los ejecutivos ganan responsabilidades en las multinacionales

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Cuando Mark Zuckerberg apretó el botón en la salida a Bolsa de Facebook, Javier estaba a su lado como miembro de su reducido equipo de confianza; 1.200 banqueros de Citi en Europa, África y Oriente Próximo reportan a Manuel en su despacho londinense; Nacho dirige el negocio de Olympus en América y bajo su mando tiene a 5.000 trabajadores; Belén es la máxima ejecutiva de la división biofarmacéutica del gigante alemán Merck; Juvencio es la persona elegida por Ikea para crecer en India; Bernardo se ha hecho con un nombre en Silicon Valley y lleva las riendas de Flickr; mientras que Juan Ramón dirige Zoetis, la mayor compañía del mundo de salud animal. Los apellidos de estos ejecutivos no son tan conocidos para el gran público como los de Alierta, Botín, Isla o Brufau, pero se trata de profesionales de éxito con puestos de altísima responsabilidad en multinacionales extranjeras. Son solo la punta del iceberg de una tendencia que se ha acelerado en los últimos años: la exportación española de talento directivo.

“Siempre que hacemos una búsqueda nos piden que incluyamos a candidatos españoles. No creo que se trate de una fuga, sino de una situación normal en un mundo globalizado”, explica Carlos Alemany, responsable de la firma de cazatalentos Alemany & Partners. “La marcha de directivos se debe a un doble motivo. Por un lado, a su buena prensa. En el pasado, los pocos profesionales que emigraron tuvieron mucho éxito y llegaron a puestos de gran responsabilidad. Por otra parte, es una vocación obligada: el mercado español se ha quedado pequeño para muchos; fuera les ofrecen mimbres para crecer y aquí, debido a la crisis, se tienen que limitar a gestionar unos recursos escasos”, añade Alemany.

Como si de una mancha de aceite se tratase la presencia de los directivos españoles en el exterior se extiende cada vez a más sectores —hay ejecutivos en banca, finanzas, auditoría, distribución, textil, alimentación, motor, tecnología, industria, consumo, siderurgia, materias primas...— y, desde un punto de vista geográfico, ya ocupan despachos en los cinco continentes. “Cada vez hay mayor formación internacional y más ambición. La gente, por ejemplo, entiende que sin saber inglés no se puede ir por el mundo. La crisis, además, ha agudizado este proceso”, dice Nacho Abia —cuando llegó a EE UU dejó de ser Ignacio porque era más difícil de pronunciar—, presidente para toda América de la japonesa Olympus.

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Fuente: elaboración propia, IESE, Esade e IE

La internacionalización de las compañías españolas ha sido un buen campo de pruebas para los directivos locales a la hora de presentar su candidatura a puestos en el exterior. Esta experiencia les ha enseñado a gestionar en muchos contextos distintos y a dirigir equipos más grandes. Además, cuentan con una sólida formación; muchos han pasado por las aulas de las principales escuelas de negocios españolas, con gran prestigio en el extranjero. A esos ingredientes hay que añadirles las dosis necesarias de suerte y, sobre todo, una gran capacidad de trabajo.

Belén Garijo, por ejemplo, comenzó su trayectoria como médico en el hospital de La Paz (Madrid) y lleva 25 años en la industria farmacéutica. Ha pasado por Abbot, Rhone Poulenc y Sanofi-Aventis antes de ser nombrada presidenta y consejera delegada de Merck Serono. Ha vivido en 15 países y ahora, desde su despacho en Fráncfort, sigue dando prioridad a “generar valor y asegurar el negocio largo plazo”. Otro caso de trotamundos es Luis Bach, cuya carrera en el exterior se remonta 22 años atrás. Bach es consejero delegado de Orangina Schweppes y tiene despacho en tres países: Japón, donde está la sede del grupo; Holanda, y España. Se considera “emprendedor y aventurero”, como cree que son los directivos españoles que han desarrollado su trayectoria profesional a escala internacional. En su opinión, coraje y saber rodearse de personal de calidad, “sin tener miedo a que la gente sea mejor que tú”, son las claves del éxito de este ejecutivo con 3.000 personas a su cargo.

En algunos casos los directivos españoles han tenido que enfrentarse a pruebas complicadas, como es la salida a Bolsa de la compañía para la que trabajan. Juan Ramón Alaix pilotó en 2012 el estreno en el parqué de Zoetis, la filial de salud animal de Pfizer. Con tres décadas de experiencia en la industria farmacéutica, Alaix cree que el paso más difícil para un directivo es su primera salida fuera, informa Sandro Pozzi. “Cuando uno deja su país y se da cuenta de que es capaz de sobrevivir en ambientes diferentes y culturas distintas, y que esas diferencias son menos importantes de lo que uno puede pensar, las siguientes veces que se tiene que hacer la maleta resulta menos complicado”, explica.

Las dotes de mando de los españoles también son apreciadas por las multinacionales para abrir nuevos mercados. Juvencio Maeztu ha recibido el encargo de Ikea de echar raíces en India. Parte desde cero y debe afrontar una inversión de 2.000 millones de euros, ya que la compañía sueca quiere abrir 25 centros de venta en 10 años. “India es la niña bonita de Ikea”, asegura. Gaditano de origen, Maeztu cree que las compañías extranjeras valoran el carácter optimista del español, además de su apertura y su tolerancia a otras culturas.

La crisis ha traído una profunda reestructuración del sector financiero español. Esto ha supuesto que muchos banqueros se hayan tenido que buscar la vida en el exterior. En la City londinense, el mayor centro financiero del mundo, cada vez hay más españoles en puestos de mando: Antonio Lorenzo y Juan Colombás ocupan cargos relevantes en Lloyds; Emilio Saracho es vicepresidente de JP Morgan y Manuel Falcó es el responsable de banca de inversión de Citi para Europa, África y Oriente Próximo.

Exploradores, conquistadores y nómadas

Como las multinacionales foráneas, las españolas llevan varias décadas respondiendo a la globalización de la economía diversificando el talento de sus plantillas y llevando a otros países a sus mejores profesionales para acometer la expansión internacional. Pero las políticas de expatriación de sus empleados cambian con el signo de los tiempos. Y la crisis ha impactado en ellas.

Actualmente las multinacionales españolas no solo han incrementado el personal que destinan fuera del país para compensar con la actividad internacional la mala situación española (es algo generalizado, como demuestra el hecho de que compañías como Ford hayan pasado en apenas dos años de contar con 500 expatriados a tener 1.500, explica Juan Antonio Ros, presidente de Eres Recolocation Services en España); también han rebajado los paquetes retributivos de sus expatriados, han reducido la duración de sus asignaciones internacionales, y las condiciones de repatriación ya no figuran entre sus mayores preocupaciones del proceso de movilidad “porque ahora hay muchos más profesionales que antes pidiendo trabajar en otros países, e incluso queriendo desarrollar una carrera internacional, de ahí que cada vez sea menos común firmar las condiciones del retorno”, asegura Ros. Telefónica indica, por ejemplo, que algunos de los países en que está presente tienen lista de espera de empleados jóvenes que han solicitado trabajar en ellos.

Del estudio anual realizado por IESE Business School y Eres Recolocation este año (La batalla por el talento) se desprenden otros cambios en las estrategias de expatriación de las multinacionales españolas: baja de forma importante el número de expatriados que viajan con sus familias (parejas y/o hijos) y crece con fuerza el envío de hombres solteros, especialmente de entre 20 y 29 años, que sube un 4%. Las mujeres siguen en torno al 20% del total.

Los destinos también han variado, sobre todo ha crecido de manera notable la dispersión. Estados Unidos, China y Reino Unido, los principales países para las asignaciones internacionales de las grandes corporaciones españolas, concentraban el 77% de ellas en 2012 y el pasado año ya eran el 44% del total. Surgen países que antes no eran relevantes como Malasia, Indonesia, Argentina, Kazajistán y Colombia.

Y, sobre todo, se extiende la figura del nómada global, como se ha bautizado en el mundo al profesional joven cuyo estilo de vida es la movilidad internacional y para el que hay que desplegar estrategias de expatriación más flexibles y métodos de retención específicos porque el principal riesgo de este perfil para las empresas es su alta rotación. Si en su día los expatriados explorador y conquistador (quienes abren el mercado para la empresa y quienes lo hacen crecer) eran los pujantes, hoy lo más in es tener nómadas en el extranjero.

“Progresar siempre es el resultado de mucho y buen trabajo, y de las personas que colaboran contigo”, señala Falcó. “No sé en otros sectores, pero lo que sí es seguro es que, en el de la banca corporativa y de inversión, España tiene un gran talento, ya que en los últimos veinte años las compañías españolas han sido líderes en muchas de sus industrias y han sido capaces de expandir con éxito su negocio internacionalmente. Esto nos ha ayudado a los banqueros que hemos trabajado con ellos”, añade.

Otro sector que cada vez exporta más directivos es el de la tecnología. Bernardo Hernández tenía muy claro desde que era estudiante que quería desarrollar su carrera en Silicon Valley, “la Roma del siglo XXI”. Hernández fue el español que más alto llegó en Google y ahora dirige Flickr, el sitio de almacenamiento de imágenes propiedad de Yahoo. En su opinión, es muy positivo que los ejecutivos españoles hayan entrado a formar parte del mercado internacional, ya que gran parte de ese talento volverá a España y enriquecerá el país.

Los expertos en recursos humanos como Alemany explican que los directivos españoles siempre han sido unos magníficos gestores en lo que se refiere al cuidado de la cuenta de resultados, pero tradicionalmente les faltaba capacidad de innovación y habilidades en el liderazgo de equipos, defectos que, en su opinión, se han corregido en los últimos años y que son los que ahora destacan de su gestión los ejecutivos nacionales que trabajan fuera. Testigo de esa evolución en las capacidades de mando es José López, número tres de Nestlé en el mundo. Hijo de emigrantes españoles, sabe muy bien la diferencia del perfil entre los nacionales que llegan ahora a Suiza y los que lo hacían décadas atrás. “Ahora están más formados, antes eran más disciplinados. Hay muchos españoles trabajando en altos cargos aquí”, dice, entre otras cosas por su capacidad de enfrentarse a la complejidad y su apertura al cambio, dos características muy valoradas actualmente en todo el mundo, mantiene López.

Latinoamérica, por cuestiones culturales, idiomáticas y de presencia histórica de empresas españolas, ha desempeñado un papel esencial para muchos directivos a la hora de foguearse para luego dar el salto a nuevos puestos en otras regiones. Tras demostrar su valía en Latinoamérica, César Cernuda preside actualmente la división Ásia-Pacífico de Microsoft y tiene a su cargo a 3.000 personas. “Durante muchos años los directivos españoles no se interesaban por la carrera internacional porque en España se vive muy bien. Pero la globalización de la economía y el aprendizaje de idiomas ha hecho que muchos nos volquemos en el desarrollo profesional en el exterior”, indica Cernuda. De hecho, ya hay compañías, como L’Oréal y, en menor medida, KPMG, donde el talento español es el tercero más exportado del mundo y de Europa, respectivamente.

¿Hay rasgos propios de los españoles que los haga más atractivos para determinados puestos directivos? Los ejecutivos consultados creen que el perfil ya es homologable al que puedan tener sus colegas anglosajones, alemanes o franceses, pero reconocen algunas características propias que suponen un valor añadido. “España es un país que, tradicionalmente, ha generado talento. Como es obvio las grandes corporaciones internacionales lo saben y lo aprovechan. Nos hemos ganado el respeto internacional porque combinamos implicación, energía y pasión. Todo ello, desde un altísimo nivel de eficiencia y rigor profesional”, señala Luis Álvarez, consejero delegado de British Telecom Global Services. Álvarez considera “que los directivos españoles combinan dos elementos que son muy apreciados internacionalmente. Por un lado, somos tan analíticos y rigurosos como el que más y, por otro, también aportamos cierta dosis de pasión latina que nos permite tomar ese grado adicional de riesgo”.

Juan Pedro Moreno, director global de banca de Accenture, destaca que los resultados logrados por las grandes empresas españolas en el exterior suponen una gran carta de presentación para los directivos nacionales. “Nuestro compromiso, pasión y creatividad son elementos muy reconocidos en el exterior, sinónimos de lo español”.

Algo similar opina Juan Antonio de Lomas, que trabaja desde hace 16 años en L’Oréal y ahora reside en México como responsable para Latinoamérica del área de gran consumo. “Aquí a los españoles se nos ve como gente seria, cumplidora y respetuosa. El estereotipo del sol, la siesta y los toros está pasado de moda”, asegura.

Los ejecutivos españoles en multinacionales poseen una atalaya magnífica para ver en qué estado se encuentra la economía española. La percepción, aunque en general habla de un cambio de rumbo a mejor, es dispar. “El Gobierno ha realizado muchas y difíciles reformas que han empezado a dar sus primeros resultados. La percepción fuera ha cambiado y los inversores internacionales vuelven a interesarse por nuestro país. Hay que seguir con las reformas y si lo hacemos, bien y pronto, estoy convencido de que España puede ser el referente de la nueva Unión Europea”, asegura Manuel Falcó, de Citi. Esta visión positiva es compartida por César Cernuda, de Microsoft, para quien los datos macroeconómicos anuncian mejoría, que la entrada del capital extranjero refrenda. “El crecimiento llegará en los próximos meses”, confía. Y también por Luis Bach o José López, quienes creen, no obstante, que aún se necesitan reformas.

Otros directivos son bastante críticos con la situación. Bernardo Hernández, de Flickr, cree que no solo hay una crisis económica, sino de sistema. “Echo en falta un proyecto de país. En los cinco años de crisis se ha puesto de manifiesto que todas las instituciones necesitan unos cambios que no se han hecho, con lo que la salida de la crisis será mediocre, tímida”, denuncia. En el caso de Ignacio Abia, de Olympus, se observa una mejora económica, pero solo a nivel macro. “Lo más preocupante es la corrupción institucional, de la que parece que todo el mundo se escapa siempre. Si queremos que España vuelva a ser un sitio para invertir hay que cambiar esto, porque si no el inversor estadounidense no meterá su dinero en el país”, advierte.