Finlandia se asoma al abismo

El país nórdico acumula dos años en recesión y se arriesga a perder la triple A

Pilas de troncos situados fuera de una fábrica de papel en Kajaani (Finlandia) / Bon Strong (Reuters)

El pasado noviembre, las agencias de calificación de riesgo rebajaban la nota de Holanda dejando en el club de la tripe A, además de a Alemania, tan solo a Luxemburgo y Finlandia. La economía nórdica parecía haber sorteado con éxito el declive iniciado con el descalabro de Lehman Brothers, pero hace tres años se encendieron las alarmas y empezaron los problemas. Finlandia cerró 2013 con una caída del PIB del 1,4%, cuando la mayoría de las economías de la eurozona empezaban a salvar los muebles. Era su segundo año en recesión y las previsiones para el presente curso no están ausentes de nubarrones.

El deterioro de la economía finlandesa coincide con la abrupta caída de su empresa insignia Nokia. “El éxito de Nokia y la industria electrónica hizo posible un largo periodo de crecimiento económico. Los superávits presupuestarios fueron considerables y el desempleo bajaba. Todo esto creó un ambiente en el cual los salarios iban en aumento al igual que el gasto público. Ahora nos parece claro que eso no era lo más adecuado para un desarrollo sostenible”, dice Sixten Korkman, profesor de Economía de la Universidad Aalto.

Junto al ocaso de Nokia hay que mencionar el deterioro de la industria papelera, otro de los pilares de la economía finlandesa. La producción de papeles y cartones se redujo desde los 14,5 millones de toneladas de 2007 hasta los 10,6 millones en 2013; es decir, una caída de la producción del 28%. Aun así, el sector contribuye con el 5% del PIB del país. También la industria metalúrgica y el sector naviero, dos piezas importantes en la estructura económica del país, pasan por horas bajas.

“Esto se refleja en un rápido deterioro de la producción industrial y en la pérdida de la competitividad. No hay un camino fácil ni veloz para volver a la senda del crecimiento. Necesitamos una política económica sólida, que sea respaldada por voluntad política”, dice el profesor Korkman.

El amplio Gobierno de coalición, encabezado por el primer ministro Jyrki Katainen, se apresta a adoptar un plan de austeridad para recortar 3.000 millones de euros del presupuesto. En la actualidad, el déficit público asciende a 10.000 millones de euros. Por su parte, la deuda soberana aumentó durante 2013 dos puntos porcentuales del PIB hasta el 56,9%. Todos los analistas coinciden en que, a ese ritmo, la deuda de Finlandia superará el 60% del PIB, límite establecido por la Unión Europea.

El deterioro de la economía del país coincide con la caída de Nokia

“Hoy por hoy existe la voluntad política de adoptar políticas de ajuste. Pero creo que el Gobierno las llevará a la práctica gradualmente y en una primera parte los ajustes apenas ascenderán a 1.500 millones. Subir impuestos y recortar las prestaciones puede ser políticamente muy costoso y estamos a un año de las legislativas”, dice Markus Lahtinen, economista jefe del Instituto de Estudios Económicos Pellervo, uno de los think tank con más solera en el país nórdico.

“Finlandia aún tiene acceso a préstamos a precios muy convenientes; pagamos, por ejemplo, los bonos a 10 años al 1,75%. Por tanto, aún tenemos espacio para la flexibilidad. Yo creo que en el Gobierno hay consenso en aplicar las medidas de ajuste en un periodo de tres años y no lastrar así una tímida recuperación”, dice el economista Lahtinen.

En el Gobierno de coalición, compuesto por seis partidos, el peso político lo lleva, además de Katainen, la ministra de Hacienda y presidenta del Partido Socialdemócrata, Jutta Urpilainen. Ambos líderes pueden sumarse a la larga lista de políticos que la crisis de la eurozona se lleva por delante.

“El problema de Finlandia es que dependemos de unas cuantas empresas. El caso más claro es Nokia, la empresa global, que llegó a suponer más del 4% del PIB. Por otro lado, tenemos instituciones fuertes y saneadas como son nuestro sistema educativo, la gobernanza local libre de corrupción, además de un valioso capital humano. Necesitamos introducir algunas reformas y estaremos de vuelta en la ruta del crecimiento. De lo contrario, quizá, después del verano, Finlandia ya no pertenezca al club de la tripe A”, dice el economista Markus Lahtinen.

Su colega Korkman, de la Universidad Aalto, apunta en la misma dirección: “Estamos ante reformas estructurales indispensables, como la del modelo municipal y la del sistema de salud. La otra gran reforma pendiente es la referente a las pensiones, donde la última palabra la tienen los agentes sociales. Si no avanzamos en estas reformas, en otoño nos bajarán del peldaño de la triple A”, dice el profesor Korkman. En la actualidad, en Finlandia la edad de jubilación es optativa entre los 63 y los 68 años, pero el 98% de los contribuyentes optan por los 63.

Rusia representa el 10% del comercio exterior y el 2% del turismo

Tradicionalmente, Finlandia obtenía un superávit en su balanza por cuenta corriente; sin embargo, en los últimos tres años ha cerrado con déficit, que en 2013 ascendió a 2.200 millones. La mala noticia para Finlandia es que durante el último curso el país importó más electrónica de la que exportó y el déficit en este rubro es el primero en cinco lustros. En los buenos años de Nokia, la electrónica significaba el 25% de las exportaciones de Finlandia y ahora no llega a un 10%.

Por su parte, la patronal envía claros mensajes al Gobierno en vísperas de la adopción del plan de austeridad. “El Gobierno no puede proponer nuevos impuestos u otras medidas que aumenten los costes industriales. Debe, eso sí, dedicar suficientes recursos que aseguren la buena marcha de las infraestructuras logísticas. Debemos cambiar de rumbo y acelerar el regreso a cuotas de crecimiento”, dice el presidente de la industria forestal Timo Jaatinen.

Según el economista Markus Lahtinen, durante 2014 y 2015 la economía finlandesa se mantendrá en una situación tan débil que cualquier turbulencia puede llevar las estimaciones de desarrollo del PIB a valores negativos.

“Si la crisis de Ucrania se prolonga en el tiempo, tendrá efectos muy negativos para Finlandia. El debilitamiento del rublo significa que nuestros inversores en Rusia obtendrán menor margen de beneficios y, por otro lado, el turismo ruso, que significa un 2% del PIB de Finlandia, con toda seguridad registrará cifras negativas comparadas con el año anterior”, asegura el economista. Rusia representa el 10% del comercio exterior de Finlandia y es su primer socio comercial, por delante de Alemania y Suecia. Por eso, Finlandia no quiere ni oír hablar de posibles sanciones económicas contra su vecino del Este.

Según Nordea, la principal institución financiera del país, el crecimiento de Finlandia será de un magro 0,3 % en 2014 y de un 2% en 2015. “Creo que la crisis de Finlandia tocará fondo en este primer trimestre del año. Mientras las inversiones y el consumo sigan estancados, será el sector exportador el que tire del carro. Lo positivo es que los principales socios comerciales de Finlandia, como son Suecia, Alemania, China y Estados Unidos, muestran signos de mejoría”, dice el economista de Nordea Pasi Sorjonen.

En todo caso, el economista de Nordea asegura que el crecimiento venidero será muy modesto. “Será solo en 2016 o 2017 cuando logremos alcanzar el nivel del PIB que tuvimos en 2008”. Casi una década perdida.

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