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La mejora laboral llegará en precario

La recuperación del empleo necesita menos crecimiento económico por el tirón de los trabajos a media jornada, los contratos temporales y la devaluación salarial

Fuente: INE y Ministerio de Empleo.

En diciembre se firmaron casi 42.000 contratos al día. En un solo mes, y no uno de los que son buenos por sistema, la afiliación creció en casi 65.000 cotizantes. Por fin comenzaron a verse síntomas positivos en el mercado laboral, y eso que la economía española apenas levanta cabeza desde su última recesión. Pero también en ese mes se observan signos de por qué, de cómo es posible que a diferencia de otras crisis, como afirma el Gobierno, en esta ocasión la mejora laboral vaya a llegar con un crecimiento menor: de todo ese volumen de contratos diarios, unos 39.000 son temporales y más de 13.000 son a media jornada. A ello hay que sumar la devaluación salarial. En definitiva, un empleo más precario.

Para este año, el ministro de Economía, Luis de Guindos, vaticinó a comienzos de esta semana una “creación de empleo significativa”. Esta afirmación choca con la historia económica reciente. En los ochenta fue necesario que España creciera un 1,7% en un año para que se creara empleo; en los noventa hizo falta un 2,5%. Ahora, en cambio, no falta quien encuentra que la afirmación de Guindos tiene fundamento. Por ejemplo, AFI calcula que en el primer trimestre de 2014 —uno de los malos del mercado laboral— subirá la afiliación a la Seguridad Social respecto al mismo periodo de 2013, que durante esta crisis ha tenido un comportamiento paralelo al de la encuesta de población activa, cuando la economía apenas crecerá entre un 0,3%, vaticina la Comisión Europea.

Para que esto sea posible, el trabajo que se cree tiene que ser más barato, temporal y, sobre todo, a tiempo parcial. Hay otro componente, el del falso autónomo, un fenómeno más difícil de medir, y que se encuentra en el último eslabón de la cadena de la precariedad. “Van a ser empleos de muy baja calidad”, confirma José Ignacio Conde-Ruiz, subdirector de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). También Eduardo Rojo, catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad Autónoma de Barcelona, augura una “mayor dualización de las relaciones laborales, con un volumen importante de población ocupada de forma involuntaria en contrataciones temporales y a tiempo parcial”.

Fuente: INE y Ministerio de Empleo.

Solo así se explica que en septiembre el Gobierno calculara que este año se iban a destruir unos 39.000 empleos si estos se miden a tiempo completo equivalente —una unidad de medida de la contabilidad nacional para calcular el volumen de empleo— y que Guindos declarara entonces que en 2014 va a haber más puestos de trabajo. Lo sucedido en los últimos meses llevaría a mejorar algo las previsiones, de ahí, la “creación de empleo significativa”. Pero tampoco los conocedores del mercado laboral y economistas esperan una gran creación de puestos de trabajo. Los más optimistas apuestan por un ligero repunte a lo largo del año y, por una caída, de la tasa de desempleo más pronunciada, ya que aquí también hay que contar con la caída de población activa.

Este cambio de patrón llega empedrado por una tendencia a la precarización del empleo que viene de largo. Por ejemplo, la duración media de los contratos temporales ha menguado constantemente desde, al menos, 2006. Según el Ministerio de Empleo, hace ocho años los compromisos se firmaban por 79,1 días; en 2013 duraban 54,7 días.

A esa corriente de fondo se han sumado los cambios legales de los últimos años tratando de impulsar los trabajos de media jornada, una opción laboral que en España nunca ha tenido el éxito del norte de Europa. Ya lo hizo el PSOE, con Valeriano Gómez como ministro de Trabajo, y lo ha hecho el Gobierno de Mariano Rajoy en la reforma laboral o en decretos como el aprobado el pasado 20 de diciembre.

El salto que da el empleo a tiempo parcial se aprecia sobre todo a partir de 2012, cuando la reforma laboral abre la puerta a las horas “complementarias” en estos contratos. En los últimos dos años, el porcentaje de asalariados que trabajan a tiempo parcial ha subido en dos puntos, hasta el 15,4% y el porcentaje de contratos de este tipo firmados ha pasado del 30% al 35%.

Uno de los argumentos para defender el empleo a tiempo parcial es que siempre es mejor esta opción que estar en el paro cobrando prestación, con lo que aumenta el gasto público, o no tener ningún tipo de ingresos. No obstante, el 61,1% de quienes trabajan a media jornada lo hace porque no puede hacerlo más horas, una variedad de lo que los economistas llaman subempleo y que ha crecido exponencialmente en los últimos años.

Es habitual que en las salidas de la crisis, el mercado laboral arranque a través de la precariedad. Ya se vio en la recuperación frustrada de 2010, cuando empezó a crearse empleo temporal, pero no indefinido, como recuerda Josep Oliver, catedrático de Economía Aplicada. Lo que sucede en esta ocasión es que la precariedad puede ser mayor por el tirón de la media jornada y la devaluación salarial, que se consolida.

Fuente: INE y Ministerio de Empleo.

Hay otro factor que contribuye a explicar por qué la economía se dispone a crear empleo con menos crecimiento. Tras seis años triturando puestos de trabajo casi de forma continua, las plantillas de las empresas están en mínimos y su capacidad de producción al límite. Las horas extraordinarias no pagadas han crecido un 10% hasta octubre, y ya llevan cuatro trimestres así, según el INE. Es de esperar que si los pedidos repuntan un poco, el siguiente paso a dar por el empresario sea el de contratar, aunque la incertidumbre propia de la salida de la crisis lleve a la temporalidad.

Lo que sucede es que como la mayor parte de la ganancia de productividad de las empresas ha llegado mediante el despido y la devaluación salarial, no por inversión y productividad el empleo a crear no es de calidad, explica Conde-Ruiz.

“Seguimos teniendo el mismo modelo productivo que antes. Son los mismos sectores los que tiran y, por tanto, generan el mismo empleo: turismo, hostelería...”, añade Ana Viñas, economista del gabinete técnico de UGT. Más pesimista es Xavier Martínez-Celorrio, sociólogo de la Universidad de Barcelona que cree que en el futuro se va a ver “una precarización de la vida laboral que se traspasará a segmentos de edad o formativos que hasta ahora estaban a salvo de acuerdo con la ecuación ‘mayor formación, menos precariedad’: la precariedad se convertirá en transversal y volveremos a las tasas de precarización de los años noventa, cuando se alcanzó el 40%”.

La recuperación del empleo por esta vía amenaza con convertirse en un alivio temporal que acabe por frenar la salida de la crisis. Por un lado, el empleo precario puede no ser suficiente para corregir la desigualdad social y de rentas que se observa en los últimos años y no estimular el consumo en la medida que requeriría una recuperación vigorosa. Por otro, puede acabar produciendo un efecto sustitución que lastre las cuentas de la Seguridad Social, ya que el empleo a tiempo parcial y la caída de sueldos abre la posibilidad de que crezcan los cotizantes sin que, por ello, aumenten lo que cotizan.

“Vivo pegada al teléfono”

Ni cinco ni diez: 36 contratos acumuló Rosa Martí (nombre ficticio) en 2013. El de menos duración, siete horas; el de más, un mes. Así es la vida de las enfermeras jóvenes se abren paso en las grandes corporaciones sanitarias para, algún día, tener un contrato fijo. “Y me siento afortunada, porque parte de mi generación se ha marchado a Alemania o Reino Unido”, afirma sin perder la sonrisa.

La hiperflexibilidad en la que vive supone “que te llamen a cualquier hora, cualquier día, doblar turnos, empalmar un fin de semana con el trabajo de lunes a viernes, o trabajar en tres unidades un mismo día, cada una con sus protocolos: urgencias, UCI, psiquiatría…”. “Si quieres trabajar no tienes vida, vivo y duermo pegada al teléfono”, asegura.

Todo este frenesí para acabar contratada una media de tres o cuatro días a la semana por una media de 1.200 euros.

Rosa se pregunta si las empresas “no se podrían organizar mejor”, al tiempo que recuerda que “el trabajo temporal y a tiempo parcial les permite ahorrarse los pluses”. Apasionada de su trabajo, no pierde el humor y concluye: “Lo bueno es que aprendes mucho; lo malo, que sabes de todo y no sabes de nada”.

“Conozco mi horario una semana antes”

Hoy domingo Carmen entra a trabajar a las diez de la mañana y sale a las dos de la tarde. Como ayer. Ha tenido suerte, lo habitual es que cada uno de los seis días a la semana que trabaja tenga un horario distinto. “Así es imposible conciliar mi trabajo y la vida familiar”, explica Carmen Villa, nombre figurado de una dependienta de unos 45 años, que trabaja en una gran superficie en Madrid.

Hasta el verano del año pasado, Carmen sabía con mucha antelación cuál iba a ser su horario. Se diseñaba a comienzos de año y solía trabajar por la tarde. “Ahora me lo dicen de una semana para otra”, explica. Así Carmen, separada, ha pasado a tener un horario más flexible, a costa de enfrentarse cotidianamente con un problema: ¿qué hace con su hijo de 12 años?

A pesar de esto, Carmen quisiera trabajar más horas, ahora gana 697 euros al mes. “Claro que me interesa una jornada completa. Pero no hay opción. La empresa no ofrece esa posibilidad, les conviene más así, porque no te puedes negar. En mi contrato sí que figura que puedo trabajar los festivos y los fines de semana, pero tengo compañeras que firmaron no trabajar estos días y tienen que hacerlo”.