La renta española desanda 14 años

El PIB por habitante de 2012 se queda en el 96% de la UE y la convergencia vuelve al nivel de 1998. El índice del bienestar familiar se aleja aún más del promedio europeo

Una mujer compra en un supermercado de Manzanares el Real (Madrid)

La convergencia con la Unión Europea, un objetivo que se dio por conquistado en la década pasada, no deja de alejarse desde que irrumpió la crisis financiera en 2008. La agencia europea de estadísticas, Eurostat, publicó este jueves la revisión de los datos de renta por habitante en 2012, el indicador más empleado para medir si la brecha económica se achica o se amplía. Una revisión que ha empeorado la posición relativa de España: si en junio Eurostat avanzó que el PIB per cápita español equivalía al 97% del media de la UE, ahora sitúa ese indicador en el 96%.

La marcha atrás de la economía española en este proceso de convergencia con la UE es ya de 14 años: la renta por habitante española, que también se quedó en ese 96% en 2011, no estaba tan lejos del promedio europeo desde 1998, justo en la antesala de la creación de la zona euro. La adopción de la moneda única contribuyó a abaratar de forma radical los costes de financiación de la economía española, que se acercó al resto de Europa a marchas forzadas. En 2002 el PIB per cápita español era ya mayor que el de la UE; en 2007, el efímero sorpasso (se superó la renta por habitante italiana) inflamó los ánimos del Gobierno socialista, que aventuró que Francia estaba al alcance. Pero entonces reventó la burbuja inmobiliaria, afloraron los desequilibrios acumulados por la economía española y el sueño de la convergencia se volatilizó.

Otros países de la zona euro, como Italia, Irlanda o Grecia, han sufrido retrocesos más intensos en ese proceso de convergencia, pero ninguno ha quitado tantas hojas al calendario como la economía española. Además, las previsiones de la Comisión Europea y del propio Gobierno español anticipan que lo más probable es que este año tampoco se recupere terreno. Se pronostica otra marcha atrás de la economía española (el PIB bajará un 1,3%), frente al estancamiento previsto para el conjunto de la UE en 2013. Solo el descenso de la población, otro efecto colateral de la crisis que ya empezó en 2012, matizará la divergencia económica (si la población cae, la renta por habitante es mayor). Si en junio próximo Eurostat confirma estas previsiones, España habrá perdido década y media antes de comenzar a recuperar terreno en 2014.

España y Portugal eran los dos países con menor renta por habitante entre los 11 países que crearon la zona euro en 1999, y ahí siguen. Entre los 17 integrantes que conforman ahora el área (Letonia se incorpora en 2014), España ocupa la décima posición —tras la revisión de los datos, el PIB per cápita español equivale el 88% de la media de la zona euro— y Portugal, la decimocuarta. Luxemburgo vuelve a ocupar el primer puesto, aunque aquí la cifra (duplica ampliamente la renta promedio en la UE), está inflada por los ingresos de personas que trabajan en el Gran Ducado, pero residen en algún país fronterizo.

Solo Grecia, Irlanda e Italia sufren retrocesos más intensos

Para hacer la comparación entre países, Eurostat elimina las diferencias de niveles de precio y calcula el PIB en paridad de poder de compra, de modo que un euro represente el mismo volumen de bienes y servicios en todos los países. Pero Eurostat va más allá de esta correción, que permite una comparación homogénea. La agencia, en línea con la OCDE, considera que el PIB per cápita es un buen indicador para reflejar “el nivel de actividad económica”, pero no el grado de bienestar de los habitantes de un país.

Para hacer una aproximación estadística al bienestar, Eurostat ha elaborado un nuevo indicador, que mide el consumo global de los hogares y presenta los datos también per cápita. Incluye aquí todos los bienes y servicios consumidos, ya los paguen las familias o los provean Gobiernos (educación y sanidad pública, por ejemplo) y organizaciones sin ánimo de lucro. En esta medida del bienestar, España está aún más lejos de la media europea (un 92% en 2012), y no ha dejado de caer. Eurostat no detalla hasta qué punto los recortes presupuestarios han podido incidir en esa merma de bienestar.