Bruselas rebaja al 0,5% la previsión de crecimiento para España en 2014

El comisario Olli Rehn: "El país necesita reformas con urgencia"

El déficit se irá al 6,8% por las tres décimas de las ayudas a la banca

El vicepresidente y comisario de Economía, Olli Rehn. / OLIVIER HOSLET (EFE)

Después de tres años en los que se han sucedido dos reformas financieras, una reforma de pensiones, dos reformas laborales y en medio de una dolorosa devaluación interna para purgar la década de excesos anteriores, “España e Italia son los dos países donde más urgentes son las reformas económicas”. Bruselas quiere seguir con los ajustes: el vicepresidente económico de la Comisión Europea, Olli Rehn, ha presentado este martes las previsiones de otoño con ese mensaje político, mucho menos complaciente de lo que esperaba el Gobierno, y con una nueva ronda de datos que vienen a enfriar el optimismo de Madrid.

El PIB caerá el 1,3% este año, algo mejor de lo que vaticinaba Bruselas hasta ahora, pero lo esencial es que la recuperación será aún más pálida de lo que parecía: la economía crecerá apenas un 0,5% en 2014.

Y lo más importante: la tasa de paro no bajará del 25% al menos hasta 2016.

Queda todavía un largo ajuste por delante. Recortes y reformas adicionales que funcionan, al menos a corto pazo, como una camisa de fuerza para la tan ansiada recuperación, que se adivina vidriosa, de trazo vacilante. Pese a que Rehn ha rehusado concretar si pedirá más ajustes en los países que han obtenido plazos más holgados para cumplir el déficit (España, pero también Francia y Holanda), en el caso español sí indicó por dónde van los tiros: “El intolerable y altísimo nivel del paro exige medidas muy contundentes, especialmente con los jóvenes”.

“Lo que se necesita es una combinación de un crecimiento más alto a medio plazo, que en el caso de España requiere reformas económicas de largo alcance para apoyar la evolución hacia un nuevo modelo más sostenible tras la burbuja inmobiliaria, y un mercado de trabajo que funcione bien”, ha afirmado. A juzgar por esas opiniones, la reforma laboral socialista y la aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy no parecen suficientes, pese a los primeros indicios de estabilización del mercado laboral. “El paro ha sido menor del que hubiera existido sin las reformas”, ha dicho Rehn, “pero es importante que España mantenga el pulso de las reformas”.

El Gobierno está pendiente de la evaluación de la OCDE (el think tank de los países ricos) sobre la reforma laboral para acometer lo que fuentes del Ejecutivo califican como un “ajuste fino” del que aún se sabe poco. Pero las previsiones para España señalan una tendencia muy marcada: el empleo volverá a caer, por quinto año consecutivo, hasta el 0,7% en 2014; esa cifra prácticamente tumba los augurios del Gobierno, que esperaba creación neta de puestos de trabajo en los trimestres finales del año próximo. Además, los costes laborales caerán este año, el próximo y el siguiente: la devaluación interna sigue su curso, en busca de la competitividad perdida. “La flexibilidad salarial es excelente para la competitividad exterior, pero supone un freno a la demanda interna. Con la tendencia actual se hace difícil pensar que la economía española pueda dejar atrás tasas de paro socialmente insoportables al menos durante una década”, apuntan fuentes comunitarias.

Las condiciones financieras de la economía española han mejorado, pero el crédito sigue cayendo. El estado de salud de la banca, inmersa en un proceso de desendeudamiento y recapitalización, es algo más positivo, pero eso no va a revertir la tendencia del crédito en el corto plazo. Hay indicios más favorables: la demanda interna “se estabiliza lentamente”, según Bruselas; las exportaciones se mantienen fuertes; la inversión extranjera ha dado alguna sonora campanada y, en general, el clima económico mejora a ojos vista. Y aun así Bruselas muestra una cautela notable.

Esa prudencia obedece a dos razones fundamentales. Uno: pese a la moderación salarial y a la mejora de productividad, el paro va a seguir siendo elevado durante mucho tiempo, con los consiguientes efectos secundarios a lo largo y ancho de la economía. “El desempleo caerá gradualmente en el horizonte de estas previsiones”, dice el informe: tan gradualmente que para 2015 la tasa de paro será del 25,3%. El otro factor de preocupación es el déficit: la austeridad va a continuar, aunque sea a ritmos más moderados, pero para alcanzar los objetivos no va a ser posible olvidarse de la tijera. Bruselas prevé un déficit del 6,8% del PIB este año y del 5,9% en 2014, pero sin medidas adicionales el agujero volvería a ampliarse al 6,6% en 2015.

En otras palabras: harán falta medidas adicionales para el déficit, como harán falta más reformas para remozar la economía, según la tesis de Bruselas. Hay signos de esperanza aquí y allá; la austeridad se ha suavizado, y España va por el buen camino. Pero el mensaje político de Bruselas es inmutable: en Madrid, como en el resto de capitales europeas, “se necesitan esfuerzos políticos extra para acompañar las diversas dimensiones del ajuste”, resume Marco Buti, número dos de Rehn.

Más presión para el BCE

La recuperación europea será más difusa de lo que parecía, y hay incluso riesgos de deflación (una caída del índice de precios de consumo) en el horizonte. Las previsiones de otoño de la Comisión Europea confirmaron ayer esas dos tendencias y aumentan así la presión sobre el Banco Central Europeo (BCE), en hibernación después de aquellas palabras mágicas de Mario Draghi (“haré todo lo necesario”), que cambiaron radicalmente el panorama económico del continente en verano de 2012.

La eurozona crecerá un anémico 1,1% en 2014, por debajo de las principales áreas económicas del mundo y una cifra inferior a las últimas estimaciones de Bruselas. El paro seguirá en máximos, por encima del 12%, hasta 2015. Y las posibilidades de deflación “son remotas”, concedió el vicepresidente Olli Rehn, pero están ahí: los precios crecieron en octubre un magro 0,7%, por debajo del objetivo del BCE (del 2%).

Varios bancos de inversión han asegurado en los últimos días que el BCE debe acometer rebajas de tipos —improbables— o nuevas medidas extraordinarias en su reunión de mañana o en diciembre, ante esa combinación de datos a la japonesa, a los que se añade la fragmentación financiera en la eurozona: las empresas españolas e italianas acceden al crédito con más dificultad y a tipos de interés más altos que sus homólogas en Austria o Alemania. “El BCE está listo para actuar”, se limitó a decir Rehn. Pero más allá de esas palabras, respetuosas con la sacrosanta independencia del BCE, los datos que presentó dan argumentos a quienes le piden más acción a Draghi.

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