Oportunidades en un país emergente

Los trabajadores españoles, la tercera fuerza laboral inmigrante en Perú, alaban la buena acogida que reciben en la pujante economía suramericana

Belén Muñoz, copropietaria de un restaurante en Miraflores (Lima). / j. f.

Españoles y argentinos rivalizan por el tercer lugar como fuerza laboral inmigrante en Perú. Cada mes, llegan en promedio 350 españoles en calidad de trabajadores, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). 12.000 kilómetros de distancia con sus familiares que los entrevistados para este reportaje atenúan con el correo electrónico.

“A diferencia de otros países, por lo general, en Perú reciben bien al extranjero que llega con una buena formación”, asegura Belén Muñoz Sánchez (30 años), copropietaria de un nuevo restaurant en Miraflores (Lima) y formada en administración de empresas en Esade, al igual que su socio español. Lleva un año y tres meses en la capital peruana. “El impacto cultural es grande porque la cultura y los ritmos son diferentes, nosotros somos más drásticos, bruscos, al comunicar. Y además, aquí dan muchos rodeos para expresarse. Ahora pido diferente las cosas”, explica.

La empresaria, que renunció a su trabajo en Londres en una consultora, hace un balance positivo de su inversión, y ahora proyecta vender, en otro local, alimentos españoles y desarrollar una línea de catering. “La demanda está creciendo en Lima”, apunta.

Perú, en corto

- Tasa de desempleo: 6,8%

- Crecimiento del PIB 2013: 6,2%

- Número de españoles: 12.738 (censo, julio 2013)

- Entre 2008 y 2013, ha habido un incremento del 7,61% en el número de españoles censados

- La legislación peruana limita la participación de empleados extranjeros en una empresa o negocio hasta un tope del 20% del total de los trabajadores.

- Si existe un contrato previo, al trabajador se le permite permanecer mientras dure el contrato.

.Si se llega al país sin empleo y se quiere conseguir uno en Perú, hay que entrar con una visa de negocios.

Muñoz describe los trámites migratorios como “tediosos”. Y de lo relativo a la apertura de un negocio empresarial destaca que la parte contable y tributaria es “un poco más complicada” que la española. “Perú está comenzando a emerger. Hay muchas cosas que se pueden montar. Prácticamente no hay lavanderías automáticas, falta infraestructura, se puede aprovechar la experiencia (española) de transporte no motorizado, no hay un buen lugar en internet de oferta inmobiliaria”, sugiere.

El ingeniero industrial Carlos Adell (30 años) comparte la misma preocupación de Belén por la polución, el transporte y algunos “comportamientos cívicos”. Le ha costado adaptarse a la ausencia de reglas en las vías. “¡No puedo con cómo conducen! Pero ahora yo también conduzco así”, comenta con una risa nerviosa. La historiadora del arte María Luisa Muñoz-Cobo (37 años), que padeció también la ausencia de normas cuando conducía en Argelia, comenta: “Al volver a España, creo que me van a quitar el carné”. La madrileña es jefa de la oficina de proyección internacional del Museo de Arte de Lima.

Hace dos años, antes de su vida en Lima, el ingeniero Adell colaboraba eventualmente con una empresa peruana formada por dos personas. Decidió irse de Barcelona cuando disminuyeron los encargos de su otro trabajo. Ahora es empleado de la compañía peruana que suma 140 trabajadores. Su contrato fue aprobado porque contribuyó en la tecnología de construcción para 3.500 casas en Ica, a unas seis horas de Lima en bus. Considera que los trámites migratorios son “pesados”, pero no necesitó un tramitador.

“¿Un consejo para otros? Depende del rubro: es un país al que vale la pena venir. En ingeniería hay más demanda, pero los chefs lo tendrían complicado”, opina Adell.

La inmigración ha creado tensión en dos colegios profesionales peruanos. Si un ingeniero o un arquitecto tiene que firmar una obra, debe homologar el título. Los colegios de ingenieros y de arquitectos del Perú han emitido pronunciamientos este año debido a que sus títulos peruanos no son reconocidos en España para firmar, y hay presión sobre ambos para validar los títulos extranjeros.

Los españoles pueden obtener el carné de extranjería como trabajador dependiente, después de que el ministerio de Trabajo haya aprobado su contrato. Desde hace un año ya no es posible homologar un título para obtener la condición migratoria de profesional independiente: el último que pudo hacerlo fue el periodista Raúl Riebenbauer, quien dicta talleres de documental y de periodismo literario y ha publicado una nueva edición de su libro El silencio de Georg, la investigación periodística de un crimen de Estado.

“Aunque los procesos migratorios son costosos y lentos, pienso qué diferente es nuestra llegada aquí, comparada con lo que se exige (a los peruanos) para la visa Schengen”, anota Riebenbauer. El periodista y la historiadora Muñoz-Cobo indicaron que cuando enviaron su currículo y pidieron citas por correo electrónico, la mayoría respondió y expresó interés. Una politóloga que prefirió reservar su nombre y llegó a Perú antes de que se declare la crisis en España, asegura que este año hay más presencia de españoles en los procesos de selección.

El madrileño Raúl Castaño (33 años) estudiaba física e ingeniería técnica industrial. “Me encantan los números, pero en España todo lo dejaba a medias”, dice en un malecón de Miraflores, poco antes de entrar a una clase del curso de bar y coctelería en el Cordon Bleu de Lima. Castaño es también camarero en el restaurante Huaca Pucllana, uno de los más atractivos para los turistas en la capital.

Llegó a Perú hace dos años con su pareja peruana, a quien conoció en Madrid hace seis. “Allá me cansé de la informalidad, en mi último trabajo no pagaban puntual y tenía cuentas que pagar. Si no era Perú, por la situación, me hubiera ido a otro país. Con diez años de experiencia como barman y seis en comida italiana, fue sencillo encontrar un empleo: ustedes son hospitalarios”, cuenta. “Estoy un poco agobiado y cansado, porque el único día de descanso tengo clases, pero el restaurante me ha ayudado mucho a entender a los peruanos y tengo ya un proyecto de negocio”, agrega.

“Soy el más viejo en mi clase, pero mis compañeros me idolatran”, comenta entusiasmado, sin dejar de subrayar que, en su restaurante, algunos empleados “tienen más de 60 años y todos valoran su experiencia”. Al pedirle sugerencias para españoles que piensan migrar, afirma: “Que aprovechen las oportunidades de este fantástico momento. En tres años he visto cambios muy positivos en Perú”.

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