La recesión más larga de la democracia

El PIB español modera su caída un 0,1% intertrimestral de abril a junio

Es el octavo periodo consecutivo en el que la economía se contrae

El dato positivo es que la economía española consiguió moderar en el segundo trimestre el ritmo al que se contraía. En el segundo trimestre, el producto interior bruto (PIB) solo cayó un 0,1% en tasa trimestral, frente al 0,5% de los tres primeros meses del año, según las estimaciones del Banco de España. El negativo consiste en que, con este, ya van ocho trimestres seguidos en los que la economía decrece, desde el tercero de 2011, en que hubo un mínimo descenso. Se trata de la recesión más larga de la historia económica reciente, superando incluso la de 2008 y 2009, que se extendió siete trimestres, aunque entonces con una intensidad mayor. Entre ambas recesiones, solo hubo año y medio de tímido crecimiento.

El Gobierno ha comenzado a difundir que la economía española ya atisba los primeros signos de recuperación —el ministro de Economía, Luis de Guindos, habló de “una flor de invernadero” y sentenció que “la recesión ha quedado atrás”—, pero aún está por ver que la economía crezca en este trimestre. La leve mejora a que aspira el Gobierno, además, resulta irrisoria para combatir la principal lacra: una población activa con el 27% de sus miembros en paro. Aunque acabe la recesión, la crisis seguirá.

La contención de la caída del PIB también se traslada al dato interanual, aunque este aún sigue siendo del 1,8% negativo en el segundo trimestre.

El aumento de la demanda exterior en 0,4 puntos porcentuales ha sido el ancla que ha contribuido a frenar la caída del producto. Las exportaciones crecieron un 1,2% gracias a que los mercados mundiales se reactivaron después de comenzar el año de forma fría, según el informe.

La demanda interna, en cambio, apenas suavizó su descenso —que fue del 0,6%, frente al 0,7% de tres meses antes—, en un contexto condicionado por la consolidación fiscal y por la necesidad de seguir desendeudándose. Así, se intensificó la contracción de la deuda de las familias y las empresas entre marzo y mayo, y alcanzó, en términos interanuales, el 4,3% y el 7,3%, respectivamente.

El consumo de las familias siguió a la baja, con un descenso intertrimestral cercano al 0,4%, en línea con el del trimestre anterior. En el caso de las empresas, la inversión en bienes de equipo tuvo un pequeño repunte mientras que la realizada en construcción no residencial retrocedió.

La incertidumbre que provoca la situación económica general —y que no acaba de disiparse— también juega en contra de la recuperación del consumo interno. Especialmente, las dudas que afectan al mercado de trabajo o a la financiación, aspectos clave para decidirse a gastar o invertir.

La actividad de las Administraciones Públicas, por su parte, vino marcada por los compromisos adquiridos para contener el gasto, en especial, por el objetivo de déficit, fijado en el 6,5% del PIB. La información disponible —hasta mayo— revela descensos en la inversión y el consumo públicos. Tanto el Estado como las Comunidades Autónomas mejoraron sus ingresos, al aumentar su recaudación a través de impuestos.

La economía aún destruye empleo

El Gobierno espera con ansia que la Encuesta de Población Activa (EPA) dé buenas noticias para el empleo mañana y lleva desde hace semanas vendiendo el mensaje de que se habría creado empleo más allá de los efectos estacionales, algo que solo ha ocurrido en otro trimestre desde que empezó la crisis. El Banco de España, sin embargo, no lo ve tan claro. En su informe admite que se frenó el ritmo de destrucción de empleo por tercer trimestre consecutivo, pero que aún hay caída intertrimestral, del 0,3%, en términos de contabilidad nacional, que corrige el efecto estacional. La caída interanual sería del 4%, algo más suave que el 4,5% del trimestre anterior.

El ministro de Economía, Luis de Guindos, declaró el sábado en Moscú que esperaba que, por primera vez, se produzca un cambio de tendencia. El ministro se mostró confiado en que, tras “16 trimestres” destruyendo puestos de trabajo, en este segundo trimestre se “haya creado empleo y la tendencia se haya revertido”. En realidad, Guindos exageraba. En el segundo trimestre de 2011 se crearon 151.300 empleos y se creó empleo incluso corregido el efecto estacional.

El Banco de España sostiene que el incremento del paro registrado mes a mes “es prácticamente nulo o negativo” desde diciembre pasado, ajustada la estacionalidad, y prevé que la EPA arroje “una nueva moderación” de la tasa de crecimiento interanual del número de parados. Incluso cree que ese menor aumento del paro registrado “podría llevar a un leve descenso de la tasa de paro” en el segundo trimestre.

El informe también valora la moderación en la destrucción de empleo y destaca que los costes laborales unitarios se han reducido casi un 3% interanual, aunque a un ritmo menor que en periodos anteriores. Esto se explica por qué se han atenuado tanto el descenso que han experimentado los salarios (-0,6% frente al -0,9% del primer trimestre), como la mejora en la productividad aparente (2,3% frente al 2,6%).

Otro punto a tener en cuenta es el comportamiento de la inflación —afectada por el precio de los alimentos y de los carburantes— que también se desaceleró en el segundo trimestre. El IPC se situó en el 1,7% en ese periodo y el Banco de España espera que baje “de manera significativa” en lo que resta del ejercicio, en línea con las previsiones del Gobierno, que calcula que el índice rondará el 1% al acabar el año.

El informe resalta la mejora de la actividad en la zona euro a pesar de las tensiones financieras provocadas por el rescate a Chipre o la inestabilidad del Gobierno portugués. El Banco de España también advierte de que la mayoría de las previsiones “anticipan la superación de la fase de contracción” en la zona euro que habría durado seis trimestres consecutivos. Con todo, matiza que las perspectivas para lo que resta de ejercicio apuntan a una recuperación muy moderada y “no exenta de riesgos”. En cambio, la actividad de los mercados ha sido —con excepciones como Japón y, en menor medida, EE UU— menos dinámica de lo previsto.

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