Europa también necesita fabricar

La UE quiere volver la mirada a la industria después de años de ceder terreno a los emergentes

Trabajadores en una planta siderúrgica de Sheffield (Reino Unido) / CHRIS RATCLIFFE (BLOOMBERG)

La hemeroteca da cuenta de un triste y largo goteo de cierre de fábricas en toda Europa en los últimos años, bien por muerte natural de empresas, o por fugas de producción a países con mano de obra más barata. La tendencia, agravada por la crisis, ha hecho un roto en el sector: se han perdido más de tres millones de empleos desde que comenzó el declive y la producción total se encuentra un 10% por debajo de los niveles precrisis. “Sin economía real no iremos a ninguna parte, los países con un sector industrial fuerte afrontan mejor la crisis que el resto. Tenemos que volver a poner la industria en el corazón de la política económica”, señalaban hace pocos días fuentes comunitarias en Bruselas, en un tono que parecía entonar un mea culpa colectivo y difuso.

El peso del ramo industrial no ha dejado de reducirse en favor de los servicios y de los países emergentes hasta quedar en el 16% del su producto interior bruto (PIB). Ahora, el objetivo comunitario consiste en volver a colocarlo en el 20% en el año 2020. El vicepresidente de la Comisión Europea (CE) y responsable de industria, Antonio Tajani, se ha propuesto como meta que los socios de la UE lancen un “plan industrial” equivalente al programa de estabilidad fiscal, al que están sujetos todos los países.

Cuando una tienda echa el cerrojo, otro negocio acaba ocupando su lugar, pero los cierres fabriles suelen resultar irreversibles. Entre las estadísticas se pierde el cierre de dos altos hornos por parte de Arcelor Mittal en Florange, en el norte de Francia el año pasado. Pese al cese de la actividad, la presión del Gobierno francés logró en su momento evitar más de 600 despidos.

Esta semana, la Comisión anunció un plan de acción para el sector del acero por varias vías de acción, todas pendientes de concretar: defender a los productores de la “competencia desleal” de los fabricantes extracomunitarios, reducir los costes burocráticos y los energéticos. Es la línea de plan general que se persigue para la industria. Arcelor Mittal, que tiene previstos otros cierres en el continente, lo calificó en un comunicado como “un importante primer paso para apoyar la recuperación de la industria del acero en Europa”, pero ahora siguen sin mucho éxito las negociaciones por el futuro de esos puestos de trabajo en Francia.

El sector industrial ha destruido tres millones de empleos con la crisis

Los datos resultan machaconamente malos: Europa se mantiene como el segundo fabricante de acero del mundo, pero la demanda interior de acero está un 27% por debajo de sus niveles previos a la crisis y el empleo ha encogido un 10% entre 2007 y 2011.

La crisis del acero en Europa ilustra lo que es la crisis general de la industria en la unión económica. Y también, como ocurre con el acero, la carrera comercial es la parte del león de que toda la estrategia industrial surta efecto. El jueves, Bruselas formalizó una denuncia ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) por los altos aranceles que China impone a las importaciones de tubos de acero inoxidable de alto rendimiento producidos en la Unión. La semana anterior, abrió un procedimiento por dumping (venta por debajo de coste) en los paneles solares que exporta a Europa. Y Pekín respondió con investigaciones al vino europeo.

El gigante asiático enseña los dientes. “Fuimos un poco naifs, hemos abierto los mercados de forma que sea muy fácil para un extranjero hacer negocios en Europa y mucho menos para un europeo hacerlo fuera. Hoy, al menos, se empieza a hablar de reciprocidad. Ahora el mensaje se ha moderado, la industria vuelve a verse como el corazón de la economía”, reflexionan fuentes comunitarias.

Sin embargo, el plan es sobre todo un compendio de muchas medidas ya en marcha o anunciadas: reducir las cargas burocráticas, facilitar el crédito, abaratar la electricidad, favorecer las nuevas tecnologías, el automóvil menos contaminante... No hay recetas nuevas respecto a lo que el mundo empresarial ha reclamado siempre, ni presupuestos nuevos. Los consejos europeos del próximo junio y de febrero de 2014 podrían servir para concretar las acciones, pero el debate acaba de arrancar.

Bruselas ha impulsado un plan de acción para el negocio del acero

En la cita de este mes, “la Comisión pedirá un estudio de impacto del precio de la energía en la industria y de cara al consejo de febrero habrá una invitación explícita a reducir los precios”.

Los precios energéticos en Europa son mucho más elevados que en EE UU, por ejemplo, donde Washington ha decidido dar un gran impulso a su industria. Los estadounidenses han acelerado la producción de gas y petróleo por medios no convencionales (fracking o perforación horizontal de rocas para extraer hidrocarburos), algo que despierta polémica en Europa. También hay discrepancia sobre los compromisos en contra del cambio climático, en los que la UE ha ido más allá que sus competidores.

Hoy las autoridades asumen que la zona euro, que es la única región que no crece, si quiere prosperar, debe seguir siendo una factoría a pleno rendimiento, pero le coge en plena sequía de recursos públicos y con el grifo del crédito cerrado para el sur. Hay dos Europas en lo que a empresas se refiere y una paga por los créditos casi el doble que la otra. Se repite desde que comenzó la crisis de deuda soberana, pero esta misma semana la fundación de análisis de cajas de ahorros (Funcas) publicaba los datos más recientes en un estudio: los países con más problemas de déficit pagan un 85% más por el crédito que el resto. Bruselas intenta que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) sirva para canalizar más dinero para pymes.

Las negociaciones para un acuerdo de libre comercio con EE UU, otra de las grandes esperanzas de la industria europea, tampoco son sencillas. Francia, por ejemplo, reivindica la exclusión del sector audiovisual para proteger la “excepción cultural” que permite subvencionar el cine europeo. La recuperación de la industria se enfrenta a desafíos como el de la sequía crediticia y otros más peliagudos: poner de acuerdo 27 países.

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