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El FMI concluye que subestimó el impacto de la austeridad en Grecia

El Fondo señala que la quita de deuda se retrasó por la resistencia europea

Christine Lagarde, directora gerente del FMI AFP

El Fondo Monetario Internacional pasa revista a cómo se realizó el primer rescate a Grecia, en 2010. Y pese a que defiende que se evitó que el Gobierno griego entrara en quiebra, y contener el contagio al resto de la zona euro, es crítico con algunos de sus resultados. El análisis del Fondo concluye que la quita de deuda, que se incluyó en el segundo rescate, en 2012, se hizo con retraso. Y que se subestimó el impacto de la austeridad, algo que la Comisión Europea tardó en reconocer.

El FMI y la Comisión Europea ya entraron en conflicto cuando el economista jefe del Fondo, Olivier Blanchard, sostuvo que los multiplicadores fiscales en los que se había basado el FMI para estimar el impacto de los ajustes presupuestarios en el crecimiento habían sido demasiado pequeños. Es decir, que la austeridad impuesta había agravado la recesión más de lo previsto. El análisis del Fondo reprocha que se mantuvieran los objetivos de recorte de déficit, aun cuando ya era patente que las previsiones de crecimiento eran erróneas. “Los objetivos fiscales se volvieron incluso más ambiciosos, una vez que la recesión sobrepasó todas las expectativas”, indica el análisis del FMI.

La previsión inicial era que Grecia perdiera un 5,5% de su PIB en 2012 respecto al nivel de 2009, o que alcanzara el año pasado una tasa de desempleo del 15%. Tanto la pérdida de actividad (un 17% en tres años), como el aumento del paro (cerró 2012 con una tasa del 25%) fueron mucho mayores tras la aplicación de medidas que primaron el recorte del déficit público.

El análisis del FMI atribuye a la resistencia de los países de la zona euro que la quita de deuda pública en manos de inversores privados no se aplicase antes. “Una reestructuración de la deuda pública desde el principio hubiese sido mejor para Grecia, aunque no era aceptable para los socios europeos. El retraso permitió a muchos inversores privados reducir su exposición, y trasladar la deuda a inversores públicos. Esta transferencia fue relevante y limitó la quita a acreedores privados en 2012”, dejando a los contribuyentes y al sector oficial con la mayor parte del endeudamiento.

El documento atribuye la resistencia de algunos países de la zona euro a que sus bancos (principalmente alemanes y franceses) poseían demasiada deuda emitida por el Gobierno griego. También a que esos bancos tenían títulos de otros países periféricos, lo que hubiese multiplicado el contagio. El informe considera el primer rescate como “una operación de contención” que “dio tiempo a la zona euro a proteger a otros miembros vulnerables y a evitar efectos potencialmente graves en la economía mundial”.

El Fondo reconoce que sus cálculos sobre la evolución de la deuda pública griega fallaron “por un amplio margen”. Pese al primer rescate, la deuda pública alcanzó en 2011 el 170% del PIB, cuando en 2009 no llegaba al 130%. Las incertidumbres sobre el resultado del rescate a Grecia eran “tan significativas, que el equipo técnico fue incapaz de asegurar que la deuda pública era sostenible con un alto nivel de probabilidad”.

El Fondo considera que la suavización de los ajustes fiscales habría atemperado la recesión, pero también habría exigido de un mayor apoyo financiero, algo que ni el propio Fondo ni la zona euro estaban preparados a admitir.

Los técnicos del FMI destacan que la Comisión ha logrado “un éxito muy limitado en desarrollar reformas estructurales y no tiene experiencia en la gestión de crisis”. Una versión inicial del informe, difundida por The Wall Street Journal, era más crítica con Bruselas, a la que acusaba de “estar más pendiente del cumplimiento de las normas comunitarias que del impacto en el crecimiento”. “No fue capaz de contribuir demasiado en la identificación de reformas estructurales para reactivar el crecimiento”, remachaba ese informe previo.