Bruselas da dos años más para el déficit

España cerró 2012 con el mayor agujero fiscal de Europa: el 10,6% del PIB

Guindos y Rehn negocian los últimos flecos del plan de estabilidad con objetivos más holgados

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La austeridad ya no es la respuesta, dijo el lunes un sonriente José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea. “Pese a que esa es la política fundamentalmente correcta, creo que ha sobrepasado los límites”, aseguró el máximo responsable de la institución que ha decretado una sobredosis de recortes a diestro y siniestro en los tres últimos años. El cambio de viento en Bruselas es formidable por varias razones: la constatación de que el continente entero se atrinchera en una larga recesión, las presiones del FMI, la sospecha de que el BCE va a hacer poco más, incluso la polvareda levantada por los errores de un estudio académico usado como base científica de la disciplina fiscal. Ese viraje tendrá una traducción inmediata: hay más tiempo para que varios países cumplan con el déficit. Francia y Portugal tendrán un año más. Y Bruselas se decanta por que España tenga finalmente dos años de margen, según apuntaron fuentes europeas y del Gobierno español, que se ha proclamado campeón europeo del déficit con el mayor agujero fiscal de los Veintisiete.

“Algunos en la Comisión empiezan a tener serias dudas sobre los efectos de sus políticas”, explicó una alta fuente europea. Tanto que a expensas de las correcciones finales, Bruselas ve con buenos ojos dar esos dos años adicionales —algo a lo que hasta ahora se oponían una parte de la Comisión y el BCE— y permitir que el déficit de 2013 ronde el 6,5% del PIB, pese a que esa cifra no está cerrada. Hace apenas unas semanas, el Gobierno pujaba por conseguir un 6% —frente al 4,5% previsto— y se quejaba de que Bruselas se resistía a abrir tanto la mano.

El nuevo mantra en Bruselas es: “Menos obsesión fiscal, más reformas estructurales”

Ahora es la Comisión quien ofrece incluso más de lo que pensaba obtener el Ejecutivo, según las fuentes consultadas en Bruselas, Madrid y Washington, ante el hecho de que la economía española va entre mal y rematadamente mal. La Comisión, eso sí, insiste en que es mucho más importante el plan que la velocidad del ajuste: Bruselas vincula ese margen a un paquete de reformas “coherente”, que incluya pensiones, el déficit de tarifa, una evaluación del efecto de la reforma laboral y las reformas de unidad de mercado y liberalización de servicios profesionales. “El plan de estabilidad y las reformas que se conocerán el viernes son fundamentales”, indicaron fuentes de la Comisión, que ven el próximo Consejo de Ministros como una especie de examen trascendental.

Menos obsesión fiscal, más reformas: ese es el nuevo mantra que va calando en Bruselas tras constatar que la medicina alemana recetada por la Comisión puede haberse suministrado en dosis excesivas: la recesión es peor, y el control de las cuentas públicas es menos brillante de los esperado. El comisario Olli Rehn insiste ahora en el déficit estructural y no en los objetivos nominales —un ardid contable para descontar el efecto del ciclo—, y por encima de todo subraya la importancia de las reformas incluso por encima del control del déficit. Y los ministros de Finanzas europeos están por la labor: el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, asegura que habrá “más tiempo” en los países que están teniendo “más contratiempos con sus programas de recuperación económica” y demuestren que no pierden el impulso reformista. España es uno de ellos, con caídas del PIB que pueden irse al 1,5%, según reconoce ya el Gobierno. Los otros dos candidatos son la Francia de Hollande, peligrosamente estancada, y Portugal, que ha aplicado a rajatabla la receta bruselense y aún así (o precisamente por eso) sigue mordiendo el polvo.

Madrid obtiene más tiempo y una meta menos exigente a la vista de que la lucha contra el déficit, el objetivo al que el Gobierno apostó todo en 2012, se salda con un resultado amargo. El ejercicio pasado se dieron por perdidos 38.343 millones en ayudas a la banca, y eso eleva el desfase de las cuentas al 10,6% del PIB. El déficit es casi tan elevado como el peor año de la Gran Recesión (11,2% en 2009) y más que en el último ejercicio socialista (9,4% en 2011).

La comparación que permiten los datos suministrados por Eurostat multiplica el eco. España cavó el mayor agujero presupuestario de toda la UE; solo Grecia estuvo cerca (10%). Si se excluye del cómputo el rescate financiero, la lectura no es tan nefasta: se recortó el déficit del 9% de 2011 al 7% del ejercicio pasado. Eso sí, ni se cumple el compromiso pactado con Bruselas (6,3%), ni se sale de la primera línea de atención de los mercados.

En su primer balance, en febrero, el Gobierno adelantó que el desfase era del 6,7% del PIB, sobre todo gracias al recorte del agujero presupuestario en las comunidades. “Si no se queda en el 6,7% es porque será inferior”, aventuró el ministro Cristóbal Montoro sobre la revisión pendiente en Bruselas. Pero Eurostat ya advirtió en marzo que miles de millones en devoluciones de impuestos, que España había retrasado por un supuesto control fiscal, debían anotarse a 2012. Entonces el Gobierno ya revisó la cifra y dijo que el déficit se situaría en el 6,98%, dato confirmado por Eurostat.

El recorte de gasto del Gobierno de Rajoy en las dos administraciones que controla es de solo una décima con respecto al de  Zapatero

En la suma de los dos niveles administrativos que controla el Ejecutivo de Rajoy (Administración central y Seguridad Social), el recorte respecto al Gobierno de Zapatero, vilipendiado por el PP por su gestión de las cuentas públicas, es ya casi imperceptible: del 5,2% en 2011 al 5,1% en 2012. La deuda pública tampoco ofrece un asidero al que agarrarse. España, que cerró 2012 con un endeudamiento del 84,2%, aún tiene a ocho países de la UE por delante. Pero es la que crece a mayor velocidad, impulsada por el rescate bancario, pero también por medidas de apoyo a las comunidades.

El contraste con Alemania es enorme. El Gobierno de Angela Merkel consiguió cerrar 2012 en superávit (0,2% del PIB), algo fuera del alcance del resto de la UE. También un recordatorio de que Berlín no cree en la expansión del gasto para apoyar al resto de la eurozona, a pesar del FMI. Con Alemania enrocada, la Comisión señala ya un viraje con claridad: “Para ser exitosa, una política no solo tiene que estar diseñada, sino que debe tener apoyo político y social”, dijo Barroso, sugiriendo que ese apoyo se está perdiendo a marchas forzadas. Pero aún quedan resistencias. “Esperábamos que los resultados llegaran antes, pero la crisis ha resultado más dura de lo que creíamos. De todas formas, hace falta más tiempo del que esperábamos y hacen falta medidas adicionales, pero la dirección es la correcta y no hay alternativa”, ha dicho Herman Van Rompuy en un acto organizado por varios think tanks de Bruselas. “Por supuesto que hay otras opciones. En la vida siempre hay alternativas”, le respondió Guntram Wolff, de Bruegel.