Las ayudas a la banca elevan el déficit de España sobre el 10% en 2012

Bruselas dará uno o incluso dos años más a España, con un sombrío cuadro de previsiones

El desfase sin contar con el dinero inyectado al sector rondará el 7% del PIB

El PIB caerá el 1,4% en 2013 y el paro se irá al 27%

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La crisis más letal de las últimas ocho décadas sigue haciendo estragos a pesar de la maquinaria de propaganda del Gobierno, que ha funcionado como un ventilador esta semana en el debate del estado de la nación. Bruselas sembró dudas este viernes sobre el escenario que dibuja el Ejecutivo de salida paulatina de la crisis a partir de mediados de este año, y sobre la tracción de la política de austeridad y reformas para embridar las cuentas públicas.

A pesar de los signos de mejoría en los mercados, viene una recesión aún más profunda en 2013, un paro más y más elevado y sobre todo un déficit y una deuda pública que se resisten a caer desde las alturas a pesar de todos los esfuerzos. Pero las profecías más fiables son siempre las relativas al pasado: Bruselas explicó que, según sus estimaciones, el déficit público superó finalmente en 2012, el quinto año de la crisis, la peligrosa barrera del 10% del PIB, en gran parte por el efecto de las multimillonarias ayudas a la banca. Durante el año pasado, esa cifra no admite comparación en toda Europa. Ni siquiera en EE UU y Japón.

A pesar de los signos de mejoría en los mercados, viene una recesión aún más profunda en 2013

Eso sí: sin contar el rescate bancario, el déficit acabó en torno al 7% del PIB, tal como había avanzado el presidente Mariano Rajoy. Esa cifra es importante; es la que cuenta a efectos de Bruselas. Pero después de negarlo una y mil veces, cada vez está más claro que las inyecciones de dinero público en la banca son a fondo perdido: la mayoría ya son pérdidas que computan como deuda pública y también como déficit, a diferencia de lo que sostenía el equipo económico de Rajoy. El boquete en el ladrillo hizo primero un agujero en las cuentas del sector financiero, y ahora ese lastre hace mella en las arcas del Estado: las ayudas públicas, españolas y europeas, están destinadas a sufragar las pérdidas en la banca del increíble pinchazo de la superburbuja inmobiliaria de los últimos años. Se trata de medidas imprescindibles para salir de la crisis, para que el sector financiero vuelva a la normalidad. Pero dejan un jirón en las arcas del Estado.

Tanto la Comisión como el Gobierno insistieron en diferenciar ese déficit del 10,2% del PIB, que incluye el rescate bancario, y el 7% que a la postre es fundamental a efectos de Bruselas. La diferencia (pendiente de algún ajuste final) es el importe destinado el año pasado a reflotar los bancos, más de 30.000 millones, aunque en el caso español no es necesario que el Tesoro emita deuda con este fin, ya que estas ayudas se han financiado con el rescate europeo. Tras esos 30.000 millones, quedan por contabilizar unos 20.000 millones adicionales, que pueden seguir por el mismo camino y mantener el listón del déficit por las nubes.

Dos años más de crisis por lo menos

Más allá del agujero en las cuentas públicas, la fatiga de materiales que se detecta en la economía española es preocupante. España registrará una contracción del PIB del 1,4% este año, para salir de la crisis solo a partir de 2014, con tasas muy moderadas de crecimiento, tal como adelantó este diario. El paro rozará el 27% en 2013, cuando se destruirá un 2,7% del empleo (cerca de 500.000 puestos de trabajo) y prácticamente no bajará hasta finales del año próximo. La deuda pública podría irse por encima del 100% del PIB en 2014. Pero lo peor es la literatura comparada: España era ya el enfermo de Europa en términos de paro, de crecimiento —con las peores cifras entre los grandes países— y será la única economía que perderá población en la zona euro tanto este año como el próximo. Y, sobre todo, sus persistentes cifras de déficit público —que no bajarán del 7% en 2014— ya no tienen parangón, a pesar de que Bruselas tiene otras nubes oscuras en el horizonte, y de gran tamaño: Francia.

El vicepresidente y comisario de Asuntos Económicos, el finlandés Olli Rehn, dio en la presentación de esas cifras una relevante señal política, que afianza la idea de que España tendrá uno o incluso dos años más para rebajar el déficit hasta el 3% del PIB. Fuentes del Gobierno español explicaron que solo serán dos años si la recuperación de la eurozona se retrasa más de lo esperado. También Francia, y puede que Portugal y Holanda, disfrutarán de un año de gracia. En todos esos casos tienen que darse dos condiciones para que eso ocurra: que el Gobierno de turno cumpla con los ajustes a los que se ha comprometido (y eso supondrá recortes adicionales en 2014 en el caso español) y que se registre una contracción “inesperada” de la actividad económica.

Rehn explicó que en España suceden las dos cosas a la vez, por lo que Madrid es firme candidato a la flexibilización: “El Gobierno ha acometido el esfuerzo estructural para reducir el déficit que se le pedía, pero España también ha experimentado inesperados problemas con el crecimiento”. Paradójicamente, tanto el FMI como la práctica totalidad de los analistas independientes llevan meses avisando de los efectos negativos de la política de austeridad a ultranza en toda Europa tanto sobre la economía española como sobre los otros países periféricos. No debería haber sorpresas por ese flanco. Porque ni siquiera el Norte de Europa está a salvo: la economía francesa lleva meses estancada, incluso Alemania experimentó caídas de PIB el último trimestre de 2012; y países como Holanda —que se cuenta entre los más ortodoxos en política económica y fiscal— se enfrentan a los estragos de una recesión que ya afecta a toda la zona euro. Por ahí van a seguir los tiros: el PIB de los Diecisiete caerá este año el 0,3%, en parte como consecuencia de las políticas de ajuste dictadas desde Berlín y Bruselas.

El Gobierno destaca que los mercados mejoran

El Gobierno insistía en ver la parte buena de las previsiones de la Comisión. La mejoría en los mercados financieros es notable (aunque también ahí febrero ha sido un mes más antipático que enero). La Comisión descata que España registrará superávit exterior en 2013 y 2014, por primera vez en muchos años. El perfil trimestral de la recesión es, a juicio de Moncloa, motivo de optimismo: la caída de la actividad va de más a menos, y al cabo Bruselas ha mantenido sus vaticinios sobre el PIB para 2013 y 2014, mientras que los ha empeorado para el resto de los socios. "Exiguo consuelo", reflexionaba anoche Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales, "para un país en el que se ensancha la asimetría entre la economía real y la economía financiera, en el que la crisis va para largo y en el que todas esas cifras dejan un poso que va de la desesperanza al desasosiego".

La caída de actividad se suavizará trimestre a trimestre

Las exportaciones eran hasta hace poco el principal faro de la economía española en busca de su particular salida del túnel: pero es que incluso las ventas al exterior se están desacelerando por la recesión europea y la revalorización del euro, bendecida por un BCE complaciente. Alemania se ha mostrado también partidaria de una moneda común fuerte "aunque las reformas del Sur se derritan como la nieve en verano", ha dicho la canciller Angela Merkel en una de las declaraciones más duras de los últimos meses. La falta de crédito y la persistencia de altos niveles de endeudamiento en empresas, familias, bancos y en el sector público favorecen también un panorama de continuidad de la recesión, si nada cambia.

España registrará superávit exterior en este año y el próximo

Y nada cambia demasiado, pero al menos Rehn dio muestras de comprensión para con España y otros países. A las dos flexibilizaciones de los objetivos de déficit de los últimos años, Bruselas podría añadir algo más de margen adicional. En la hora larga de comparecencia de este viernes, el comisario insistió en la necesidad de seguir con las reformas y la consolidación, pero al menos citó la necesidad de que todas las cargas del ajuste no se concentren en el Sur: el Norte debería empezar a estimular sus economías, subir sueldos para que la demanda de países como Alemania ayude a tirar de la eurozona, dijo. "Pero ahí hay poco o muy poco margen: algo se ha torcido o está a punto de torcerse definitivamente en la actitud de Alemania con Europa", explicó Luis Garicano, de la London School of Economics.

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