MICHEL BARNIER | Comisario Europeo de Comercio Interior

“La situación de la banca es aún frágil”

El Comisario de Mercado Interior de la Unión Europea, Michel Barnier, cree que las entidades finacieras todavía no han superado las dificultades de la crisis financiera

El comisario europeo de Mercado Interior, Michel Barnier, el pasado 31 de enero en una comparecencia ante la prensa en Bruselas. / JULIEN WARNAND (efe)

Michel Barnier, deseoso de hablar sobre su propuesta para luchar contra el lavado de dinero, evita meterse en jardines de política nacional. ¿Cree que la nueva directiva ayudará a España a luchar contra la corrupción? “No hemos hecho el texto para cubrir situaciones de actualidad que están siendo investigadas. La justicia debe hacer su trabajo con toda independencia”, responde el comisario de Mercado Interior y Servicios. Segundo intento. ¿Le preocupa a la Comisión Europea los escándalos que llenan las páginas de los periódicos españoles? “No hablo de casos concretos”. Este francés, exministro y dirigente del partido conservador UMP, prefiere centrar su discurso en las ventajas de un sistema preventivo de riesgos en el que el sistema financiero ayude en la lucha contra el blanqueo de dinero y la financiación del terrorismo. Entre otras medidas, Bruselas quiere reforzar los controles sobre transferencias de fondos extendiendo la vigilancia que deben llevar a cabo bancos, abogados, contables y otros profesionales a políticos residentes en la UE, incluidos jefes de Estado y sus familiares.

Barnier hace gala de su tradicional pragmatismo. En un encuentro en su despacho bruselense celebrado el pasado lunes con EL PAÍS y otros tres medios, el político francés defiende con fervor el mecanismo de supervisión bancario que alumbró la cumbre europea del pasado mes de diciembre. En esa reunión triunfaron las tesis alemanas, según las cuales el Banco Central Europeo (BCE) supervisaría solo las entidades más importantes, aquellas que son capaces de arrastrar a gran parte del sistema financiero con ellas.

Pero tan solo tres meses antes de esta cumbre de diciembre, la Comisión abogaba por “dotar al BCE de fuertes poderes para supervisar todos los bancos de la zona euro”. Barnier no ve contradicción entre su propuesta y la aprobada por los Gobiernos que comparten la moneda única. “Mi compromiso era que el BCE tuviera capacidad jurídica de supervisar a todos los bancos. Y el control directo se hará sobre 150 o 200”, responde. Y, para apuntalar su argumento, añade que de no ser así la maquinaria de un organismo encargado de controlar a las 6.000 entidades del continente habría sido demasiado pesada.

Bruselas no cree que la banca doméstica esté exenta de riesgo

¿Servirá el supervisor único como vacuna contra los escándalos financieros tan habituales en tantos países de Europa? “Nunca se puede decir jamás”, responde. El comisario no quiere pillarse los dedos y se limita a asegurar que el organismo de nueva creación elaborará reglas respetadas por todos, con la experiencia de los reguladores nacionales, que conocen a fondo el sector en cada país.

El responsable de garantizar el funcionamiento de los servicios financieros en la UE es consciente de que la crisis que comenzó en el ya lejanísimo 2008 está lejos de haberse superado. “La situación sigue frágil”, admite cuando se le mencionan los primeros números rojos globales que vive la banca española, el escándalo que amenaza a la entidad italiana Monte Paschi di Siena o los 2.150 millones que el Deutsche Bank perdió en el último trimestre del año pasado.

La sentencia que exonera a Islandia causa incertidumbre en Europa

Barnier reconoce que la situación sigue siendo complicada, pero se intuye un cambio de dirección en las políticas que la Comisión propone para resolver el caos bancario. El informe Liikanen —redactado por un grupo de sabios encabezado por el gobernador del Banco Central de Finlandia— proponía la separación estricta entre banca comercial y de inversión. En contra de lo que dice este documento, en Bruselas no están ahora tan convencidos de que la primera esté exenta de riesgo y la segunda constituya un peligro andante. Para deshacer este tópico, algunas fuentes europeas ponen como ejemplo el caso español, muy centrado en la banca comercial y que ha requerido una ayuda mil millonaria por parte de Europa para esquivar el colapso. “La crisis financiera ha mostrado claramente que los bancos que se han embarcado en un riesgo excesivo han sido de diversos tipos, independientemente de su modelo de negocio”, asegura Barnier. Fuentes comunitarias acusan también a varios bancos comerciales de haberse involucrado en demasiadas operaciones arriesgadas o de haberse hecho demasiado dependientes de la financiación a corto plazo.

Otro elemento de incertidumbre que en los últimos días se palpa en los despachos de la Comisión es la reciente sentencia que exonera de culpa a Islandia por haberse negado a compensar el 100% de las pérdidas de los británicos y holandeses que tenían una cuenta de la entidad islandesa Icesave en 2008, cuando el banco quebró. “No coincide con el análisis que nosotros habíamos hecho, pero respetamos la decisión del Tribunal”, asegura el comisario.

 

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