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Islandia pone a prueba la seguridad de los depósitos bancarios

Una sentencia da la razón a Reikiavik ante su negativa inicial a devolver el dinero que británicos y holandeses tenían en las entidades quebradas

Ciudadanos islandeses protestan ante la decisión del Gobierno de hacerles pagar los depósitos de británicos y holandeses. REUTERS

¿Y si sus ahorros no estuvieran seguros? ¿Y si, en caso de una crisis que desbordara al sistema financiero, los Estados no estuvieran obligados a respaldar los depósitos de los ciudadanos? Esta es la cuestión que late en el fondo de la sentencia anunciada el pasado lunes por la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA).

El Tribunal de la EFTA dio la razón a Islandia, que se negaba a devolver todo el dinero que perdieron británicos y holandeses con dinero en Icesave cuando en 2008 quebró la entidad, marca comercial del Landsbanki. Reino Unido y Holanda, que echaron mano de las arcas públicas para compensar a sus ciudadanos que vieron evaporar sus ahorros, perdían la batalla legal. La sentencia argumenta que la norma europea, que entonces garantizaba los depósitos hasta 20.000 euros y que Islandia estaba obligada a cumplir pese a no pertenecer a la UE, “no respondía a la pregunta de cómo hay que actuar si el fondo de garantía de depósitos es incapaz de hacer frente a sus obligaciones por una crisis sistémica”.

El Gobierno islandés lleva tiempo reembolsando los fondos

No parece que la sentencia, que no admite recurso, vaya a tener un gran impacto económico, porque el Estado islandés lleva tiempo devolviendo el dinero a Londres y Ámsterdam. Y ha reiterado que piensa seguir haciéndolo. De lo que se libra Reikiavik es de pagar toda la factura y los cuantiosos intereses. Pero sí tiene una fuerte carga simbólica, y podría servir como precedente para futuras crisis bancarias. La Comisión Europea se apresuró a decir que el fallo no modifica en nada la situación actual, en la que los 27 Estados miembros están obligados a garantizar los ahorros hasta 100.000 euros “incluso en situaciones de crisis severa”. Pero el nerviosismo generado por la sentencia era evidente estos días en Bruselas.

“No tiene sentido que los contribuyentes sean los que tengan que rescatar a entidades privadas. Sería razonable si el Estado creara una banca pública”, sostiene Eirikur Bergmann, profesor de Ciencias Políticas y director del Centro de Estudios Europeos. El Tribunal niega que Islandia discriminara a los extranjeros por haber transferido los fondos del Landsbanki a otra entidad, lo que de facto salvó los ahorros de los residentes. Pero algunos expertos difieren de esta opinión. “No solo es discriminatorio. Además, está en contra de la normativa del Fondo de Garantía de Depósitos (que asegura que los depósitos de las sucursales extranjeras están garantizadas por los países de origen) y atenta contra el principio de unidad de mercado”, asegura Joaquín Maudos, catedrático de Análisis Económico.

“No tiene sentido que los ciudadanos tengan que rescatar a bancos privados”

La noticia de que Islandia no había infringido la ley al negarse a imponer a acatar unas deudas que habrían rondado los 12.500 por ciudadano fue recibida con júbilo por la gran mayoría de sus 320.000 habitantes. El país que llenó de páginas los titulares de los periódicos hace cinco años por el hundimiento de una banca que hasta entonces era un orgullo nacional está saliendo de la crisis mucho mejor que sus vecinos europeos y se encamina con paso firme para ingresar en la UE.

La economía ha crecido en los dos últimos años algo menos del 3%, algo que ya querrían decir otros países que también se vieron sacudidos por la crisis. El paro, tras llegar al 10% —algo espectacular para un país acostumbrado al pleno empleo— ha caído por debajo del 5%. Además, devolvió antes de tiempo los préstamos que le hizo el Fondo Monetario Internacional y las agencias ya no consideran que su deuda tenga una calificación de “bono basura”. Uno de los motivos que Fitch dio hace un año para mejorar la nota a su deuda fue la “política heterodoxa” adoptada para salir de la crisis. La devolución de la moneda ayudó a la isla a recuperarse.

Pero lejos de los tópicos que describen a este país como el único que se negó a rescatar al sistema financiero, es bueno recordar que el Estado sí que se vio obligado a inyectar fondos en sus bancos quebrados y que los ciudadanos pagaron una elevada factura por ello, en forma de subidas de impuestos y recortes de gastos. “No hemos salido del hoyo del todo. Pero estamos mucho mejor gracias a no haber hecho todo lo que nos decían fuera que teníamos que hacer. Esa decisión se tomó gracias a que los ciudadanos salimos a la calle y exigimos nuestros derechos”, concluye Hördur Torfason, uno de los organizadores de las protestas que en aquellos convulsos días de 2008 y 2009 acabaron con el stablishment político del país.