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Europa activa el impuesto ‘Robin Hood’ para frenar los ataques especulativos

Bruselas da vía libre a 11 países de la UE, incluido España, para usar la tasa Tobin

“El Gobierno defenderá una iniciativa de la UE para regular los flujos del dinero especulativo”. Corría el año 2001. Nadie sabía aún que una crisis estaba a punto de hacer temblar a la zona euro. Fue entonces cuando el primer ministro francés, Lionel Jospin, dejó muda a media Europa al erigirse en adalid de un impuesto que entonces parecía idea de radicales de izquierda con veleidades intervencionistas y contrarias al libre mercado.

Una década mas tarde, 11 países que suponen dos terceras partes del PIB de la UE se han puesto de acuerdo para avanzar con paso firme hacia la adopción de la tasa Tobin. Se trata de un impuesto sobre las operaciones financieras con un doble objetivo: recaudar recursos suficientes como para que los responsables de esta crisis compensen el daño que provocaron en las arcas públicas y, por otro lado, de desincentivar unas prácticas que aportan poco a la economía real y que han dejado a tantos países en una situación desesperada.

Tras vencer las resistencias de Gobiernos como el británico y el polaco, los ministros de Finanzas de la UE dieron esta semana el visto bueno a una medida que, según los cálculos del Instituto Alemán para la Investigación Económica, un think-tank con sede en Berlín, podría recaudar 37.000 millones de euros al año en los 11 países que se han decidido a adoptarla (España, Alemania, Francia, Italia, Portugal, Bélgica, Austria, Grecia, Estonia, Eslovenia, y Eslovaquia). Otros analistas consideran estas cifras una exageración.

La idea es que este mecanismo entre en vigor como muy tarde a finales de 2014

Después de que el Consejo Económico y Financiero de la UE impulsara la tasa Tobin a través de la cooperación reforzada —un mecanismo ideado para avanzar en decisiones en las que no existe consenso en los Veintisiete—, ahora la Comisión Europea tendrá que presentar su propuesta para que sea aprobada por los Estados miembros. Bruselas ya cuantificó en 2011 los porcentajes del gravamen —0,1% para la compraventa de acciones y bonos; y 0,01% para los productos derivados—, pero los Gobiernos son los que ahora tienen la última palabra. Esta tasa no se aplicaría a los pequeños inversores.

“El acuerdo es bastante imperfecto y llega muy tarde, pero es un gran triunfo de los movimientos sociales. Hasta hace muy poco nos llamaban a los que defendíamos estas ideas utópicas, ingenuos, e ignorantes. Lamentablemente no nos hacen caso del todo. El impuesto debería ser más generalizado y más profundo”, sostiene Juan López, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla y miembro de Attac, la asociación que lleva años luchando por la aprobación de la tasa Tobin por su efecto desincentivador de operaciones especulativas.

Bruselas confía en que el impulso político de esta semana sea suficiente como para que el impuesto esté en vigor este año o el próximo, pero algunos observadores recelan ante unos plazos tan cortos.

"Debería ser un impuesto más generalizado", dice el catedrático Torres, de la asociaciónAttac

“Tengo la impresión de que tardaremos en ver una propuesta definitiva y, más aún, en presenciar su puesta en marcha”, asegura el catedrático de la Universidad de Barcelona Antón Costas, favorable al impuesto por sus objetivos recaudatorios, pero escéptico sobre su capacidad de reducir la inestabilidad financiera.

El calendario no es la única duda que se ha generado en torno a la aplicación de esta tasa, que tomó el nombre del economista James Tobin, quien, por cierto, antes de morir acusó al movimiento antiglobalización de haber malinterpretado sus ideas por reclamar un gravamen para luchar contra la pobreza.

¿Qué efectos tendrá un castigo a las operaciones financieras que solo se aplique en una parte de la UE? ¿Y adónde se destinarán los fondos que recaude? ¿Irán directamente a Bruselas, como reclama la Comisión, o a tapar los agujeros de los presupuestos nacionales, según desean los Estados miembros?

Habrá que esperar para conocer las respuestas. Mientras, la paradoja radica en que muchos de los políticos que deben resolver estos interrogantes criticaban este novedoso impuesto, antes de la colocal crisis financiera de los últimos años. Es el caso de Laurent Fabius, actual ministro de Asuntos Exteriores francés y responsable de Finanzas cuando Jospin lanzó su alegato a favor de la tasa Tobin. Entonces contradecía a su jefe con el argumento de que desestabilizaría los mercados, sería muy difícil de poner en marcha y además no perjudicaría a los especuladores.