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OPINIÓN

(Des) marca España

Tenemos un gran país. Tenemos que convencernos de ello. España no ha sido el milagro pintado por la prensa internacional y nacional a lo largo de la década pasada. Ahora sabemos que había muchos espejismos, demasiados colores pasteles para que ello fuese verdad. Pero tampoco es la pesadilla absoluta que ahora se nos esboza en titulares esperpénticos cargados de tinta negra.

España, mas allá de la crisis, sigue siendo conocida en el mundo por su sol y playa, la alegría de La Roja, la rivalidad del Real y el Barça. Sueño, sin embargo, con un país que también se dé a conocer al mundo entero por sus empresas y sus emprendedores, sus escuelas de negocio punteras, su creación e innovación, su gastronomía y su tecnología.

Destruyamos los mitos que se han creado sobre España. Nos dicen que no hay empresas globales. Nada más alejado de la realidad: la mayoría del Ibex 35 ya tiene el grueso de ingresos en mercados internacionales. Es más, la única empresa multinacional europea creada después de los años setenta que se ha incorporado al Forbes 500 es… española (Inditex). ¿Sabemos, dentro y fuera del país, que Alemania ha elegido para su sistema de control de tráfico aéreo a una empresa española (Indra)? ¿Que los molinos de viento en Escocia y el aeropuerto de Londres, el mayor de Europa, los llevan multinacionales españolas (de la mano de Iberdrola y de Ferrovial, respectivamente)? ¿Que es un consorcio industrial también español —y no francés o alemán— el que construirá la primera línea férrea de alta velocidad en Oriente Próximo?

A menudo nos dicen —otro mito, y nos convencemos de ello— que no tenemos empresas tecnológicas. ¿Sabemos que existen hoy en día dos empresas españolas que se incorporaron, en plena crisis, al Nasdaq (Grifols y Abengoa, ambas líderes mundiales en sus sectores)? ¿Que una de las mayores operadoras de telecomunicaciones del mundo, la más internacionalizada, integrada en el top 100 mundial de las empresas que más apuestan por la I+D, según la consultora americana Booz, es española (Telefónica)? ¿Sabemos que una de las mayores startups de Europa por facturación está en España (la barcelonesa Odigeo, una agencia de viajes online)? ¿Que España —de la mano de Telefónica— ha creado una de las mayores aceleradoras de startups del mundo, en apenas un año y en más de una docena de países?

Tenemos un gran país. Tenemos que convencernos de ello

En plena crisis, además de Odigeo, dos otras startups españolas hablan ahora de incorporarse al Nasdaq en los próximos años, una de ellas basada en Madrid (Gowex) y otra en Barcelona (Privalia). De confirmarse, España podría salir así de esta crisis con cerca de media docena de empresas cotizando en el Nasdaq, algo inédito para la mayoría de los países europeos. En el mundo del ocio y del turismo también España colocó gigantes tecnológicos, líderes mundiales de su sector, como es el caso de Amadeus y de Inditex. Ambas podrían aspirar sin grandes dificultades al Nasdaq, la segunda por su alta tecnología logística que las escuelas de negocio de Harvard estudian ahora, la primera por ser líder mundial y manejar la mayoría de los billetes emitidos en el mundo por las compañías aéreas.

Un área en la cual destaca España es también la de sus escuelas de negocios. Finlandia encabeza, sin duda, los rankings PISA de la OCDE sobre excelencia educativa. Sin embargo, Finlandia no tiene ningún MBA en el top 25 mundial, mientras que España coloca nada menos que tres MBA en lo máximo del escalafón mundial. España es, de hecho, el segundo país del mundo con más escuelas de negocios en el top 25 mundial después de Estados Unidos. IESE y ESADE, en Barcelona, e IE, desde Madrid, chorrean todos los años talento empresarial y emprendedor, nacional e internacional. Es decir, se han convertido en canteras de talento, en particular extranjero, que ha elegido nuestro país para formarse: en 2012, cerca del 90% de sus estudiantes de MBA son extranjeros que vienen del mundo entero, de Israel, China, Estados Unidos, Alemania o Brasil.

Sin embargo, para muchos (los que no tienen la suerte de ser europeos), quedarse en nuestro país se ha convertido en una pesadilla burocrática. Atraer este talento está bien, retenerlo sería todavía mejor. Para ello, lo primero por hacer sería no multiplicar las trabas, en particular los visados, permisos de trabajo y residencia. ¿Por qué no imaginar que seamos ese país de sol y playa, acogedor de turistas del mundo entero, pero también ese de país acogedor de jóvenes (y menos jóvenes) ejecutivos, emprendedores y científicos que quieran compartir su talento con nosotros, crear empresas desde España, innovar e investigar?

Aquí tengo una propuesta sencilla, una start up visa, que nos colocaría en el mapa mundial. Además, no costaría ni un euro: tan pronto un estudiante de cualquiera de los tres MBA mencionados reciba su diploma —el mismo día, no el día, mes o año después— le daríamos un permiso de trabajo y un visado para cinco o, mejor, cincuenta años (el amor por el talento debería ser eterno). Le diríamos así al mundo entero: somos un país proemprendedores, procientíficos, protecnología (aplicaríamos la misma lógica a las top 3 politécnicas del país, a los mejores centros de investigación médica, bio y nanotecnológica, etcétera). Si vienes de Estados Unidos, de México, de Brasil, de India, de Israel o de China, te queremos, queremos que te quedes y crees valor desde aquí. Podríamos extender la lógica de dar permisos de residencia a los rusos y chinos que compren casas en España (por 160.000 euros o más), a los business angels, emprendedores y empresarios que inviertan más de 160.000 euros en nuestro país. ¿Si lo hacemos para el ladrillo, por qué no lo hacemos también para la tecnología y la innovación?

¿Estamos hablando de una avalancha de extranjeros que se quedarían en España? Los números son más que acotados. Para seguir con el ejemplo de los MBA, estaríamos apenas hablando de cientos, no de miles, de personas. Todas ellas brillantes, con empuje, la vida profesional por delante. Pero sobre todo hablamos de talento, de mucha excelencia. Una medida de este tipo crearía, desde luego, una marca España muy potente, un mensaje hacia fuera y hacia dentro de impacto. Sería también una manera de desmarcarnos; es decir, no hacer lo que todos hacen, solo recortes, más trabas, más visados para extranjeros, sino hacer lo que nadie hace, con audacia, corazón y razón. Seamos punteros aquí también.

Aquí tengo una propuesta sencilla, una start up visa, que nos colocaría en el mapa mundial

Canadá otorga permisos para graduados de una duración de tres años. Singapur, un visado de un año para encontrar trabajo después de la graduación. Nosotros demos visados y permisos de trabajo por cinco o cincuenta años (no seamos tacaños). En Chile, los visados que concede el país para atraer emprendedores cuestan 100 dólares. Nosotros hagamos que cuesten cero euros. Será la mejor manera de favorecer fichajes también por parte de startups que necesiten programadores, diseñadores, comerciales.

Imaginen el país que podríamos llegar a ser. Hoy en día existen apenas una cincuentena de startups fundadas por extranjeros que han elegido España. Algunos de los mayores éxitos emprendedores del país lo han sido de la mano de extranjeros. La red social Tuenti no existiría sin el americano Zaryn Dentzel. BuyVip, fundada por Gustavo García, un español de ascendencia argentina, ha llamado la atención de Amazon. Odigeo, antes mencionada, ha sido cofundada también por un extranjero, el mexicano Mauricio Prieto. En 2012, una de las mayores transacciones llevadas a cabo en el mundo de las startups españolas ha sido la venta de TopRural, una empresa creada por el emprendedor belga Francois Derbaix. Otra ha sido la venta de Sindelantal, una startup impulsada por el business angel alemán Michael Keindl, a la británica Just Eat. Algunos de los mayores inversores y business angels de España son, de hecho, extranjeros, como, por ejemplo, el argentino Martin Varsavsky, un emprendedor en serie que ha creado empresas como Jazztel y, ahora, Fon; o el mexicano José Marín, de IG Expansión, otro business angel.

Sueño con una España ni rosa ni negra, un país arcoíris y alegre que sigue pasmando al mundo con su sol y sus playas, sus ciudades y las goleadas de sus jugadores. Sueño también con un país que nos pasma a todos con sus empresarios y sus emprendedores, un país que le diga al mundo: queremos que vengas, queremos que te quedes, para aprender y para emprender, aquí y ahora, y para mucho tiempo.

Sueño con un país que no le niegue hasta cuatro veces el visado —lo que hemos hecho— a uno de los emprendedores más exitosos de España. Un país que propulse su marca, dentro y fuera, como una startup nation.

Javier Santiso es profesor de Economía de ESADE y fundador de Start Up Spain.