Las cooperativas aguantan el tirón

Las asociaciones generaron más de 8.000 puestos de trabajo en el primer semestre de 2012

Procesado de pepino en una cooperativa de El Ejido / JULIÁN ROJAS

Resistir a la crisis es un logro del que muy pocos sectores pueden alardear en estos tiempos tan convulsos para la economía española, que suma ya tres trimestres consecutivos en recesión y que no dará señales de mejora hasta el último tramo de 2013, según las previsiones de la Unión Europea. Las cooperativas, sin embargo, van más allá. Este modelo empresarial está dando muestras de aguantar mejor las turbulencias y no se conforma con mantener el empleo, sino que es capaz de responder a este delicado escenario con un repunte en la creación de puestos de trabajo.

Unos 800 millones de personas están involucradas de una u otra manera en el movimiento cooperativo en el mundo, lo que se traduce en más de 100 millones de empleos directos. En España, además de la Corporación Mondragón —la más importante experiencia de internacionalización cooperativa nacional, con 73 fábricas en 18 países—, se cuentan alrededor de 17.000 asociaciones.

El balance de 2012, año internacional de este modelo empresarial en Naciones Unidas, ha sido muy positivo para la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA). Los puestos de trabajo generados por este sector entre enero y junio fueron más de 8.000, según la organización. Todo un hito si se considera que la destrucción de empleo se aceleró el mes pasado, cuando la Seguridad Social perdió 205.678 cotizantes, hasta ver reducidos sus afiliados a poco más de 16,5 millones de personas, el nivel más bajo desde 2003. Es más, la plataforma asegura que los empleos de esta categoría son estables y “de calidad”. Un 80% de los 250.000 trabajadores de cooperativas españolas cuentan con un empleo fijo al ser socios del grupo, y las mujeres acaparan la mitad de los puestos.

Aunque el modelo no está exento de dificultades y también sufre los estragos de la crisis, su balance de la primera mitad del año es muy positivo. El avance en la creación de puestos de trabajo fue del 200% en comparación con el mismo periodo de 2011. La destrucción de puestos de trabajo en los últimos 12 meses ha sido 6 puntos inferior al resto de las fórmulas empresariales y hasta 10 puntos más baja si se toma en consideración la última década.

Priman los servicios

Las cooperativas son empresas como las demás, cuyo objetivo consiste en proporcionar empleo a sus socios trabajadores, que acaban convirtiéndose en emprendedores. A diferencia de otros modelos de gestión empresarial, cuentan con la obligación de constituir un fondo de reserva —que sirve para garantizar su viabilidad y no se puede repartir entre los miembros, ni siquiera en caso de disolución— y uno de educación —que se utiliza también para promoción cultural y social de actividades vinculadas al cooperativismo—. Al cierre de 2011, un 65% de las 16.813 cooperativas registradas en España eran de trabajo asociado, de acuerdo con los últimos datos facilitados por el Ministerio de Empleo. Se trata de un porcentaje mucho más elevado frente a otros tipos de grupos, como los de agroalimentación (2.494) o de vivienda (2.125). Las cooperativas de trabajo, concentradas principalmente en Cataluña, Andalucía, País Vasco, Comunidad Valenciana y Murcia, cuentan con un peso homogéneo de hombres (51%) y mujeres (49%). Las principales áreas de actividad son los servicios (63%), la industria (22%), la agricultura (11%) y la construcción (4%). El Instituto Nacional de Estadística ha puesto de relieve que el empleo en cooperativa es más estable: mientras que la tasa interanual de sociedades mercantiles disueltas se eleva al 6,7%, en las cooperativas este índice baja hasta el 2,5%.

“El capital no prima sobre el empleo”. Así resume el presidente de COCETA, Juan Antonio Pedreño, la filosofía del movimiento cooperativista. Responsabilidad social, solidaridad, compromiso y flexibilidad son algunas de las claves que ofrece para explicar el éxito de este modelo, destinado, según él, a crecer en las próximas décadas. “Un empleo con valor añadido”, suelen repetir como un mantra los socios. El hecho de participar en todas las decisiones del grupo es para los trabajadores un fuerte aliciente de motivación, aseguran. Innovación e internacionalización completan el vademécum para escapar a la crisis.

Pepa Muñoz, de la cooperativa catalana Escuela Taller TEB, ha empezado su carrera profesional en el trabajo asociativo, porque desde siempre cree en la necesidad de “democratizar las relaciones económicas”. Esta fórmula es, para ella, una “manera de luchar por un modelo más solidario”. El primer núcleo de su cooperativa se formó en 1968 gracias a un grupo de padres preocupados por el futuro laboral de sus hijos, afectados por una discapacidad intelectual. Hoy cuenta con 618 trabajadores, de los cuales 450 son discapacitados. La mayoría de ellos están ocupados en actividades industriales, servicios a la comunidad y jardinería. “El escenario económico de los últimos años y la competencia de países asiáticos o del este de Europa nos han empujado hacia la diversificación”, explica Muñoz. A la palabra crisis prefiere la expresión “cambio de modelo”.

Para hacer frente al cada vez más complicado acceso a la financiación y a las escasas subvenciones, los socios de su cooperativa tuvieron que aplicarse un recorte salarial de entre el 4% y el 6% para no generar pérdidas y mantener la ocupación. La motivación es la piedra angular de su ideología. “Sabemos que el país está atravesando un momento difícil, pero entre todos aguantamos mejor”, destaca la socia de Escuela Taller TEB.

COCETA denuncia el desconocimiento a nivel institucional del funcionamiento de las cooperativas, sobre todo entre los encargados de asesorar sobre estas cuestiones. “El acceso a la información es uno de los mayores obstáculos a los que hay que enfrentarse a la hora de lanzarse en la experiencia cooperativa”, afirma Manuel Mariscal, vicepresidente de la organización empresarial. “Por ejemplo”, destaca, “pocos saben que en Murcia el 50% de los profesores son dueños de sus propios colegios o que el madrileño hospital de La Moncloa es una cooperativa. Somos como la hermana pobre de la economía española”. La petición de Mariscal es muy sencilla: “Queremos que nos conozcan. Una vez que la sociedad lo haga, ya nos utilizará”. En Murcia, por ejemplo, donde la confederación ha llevado a cabo un intenso trabajo de sensibilización a través de los medios de comunicación locales, este esfuerzo se ha plasmado en más de 1.500 cooperativas.

“Tampoco es una cuestión relacionada con la ideología política”, afirma el vicepresidente de COCETA, al destacar que las regiones que presentan el mayor número de grupos de trabajo asociado (el País Vasco, con 132 cooperativas constituidas en el primer semestre de este año, según el Ministerio de Empleo; Andalucía, 76; Cataluña, 69; la Comunidad Valenciana, 47) cuentan con administraciones de distinta orientación.

Los requisitos para dar vida a una cooperativa, sin embargo, son muy pocos. Dependiendo de la normativa de la comunidad, se necesita un mínimo de dos o tres personas, llamadas a elegir entre el régimen general o de autónomo para afiliarse a la Seguridad Social —se trata de la única fórmula empresarial que permite elegir entre estas dos opciones.

“Lo importante es constituir un grupo homogéneo que vaya en una única dirección”, sostienen Mariscal y Pedreño, pero sobre todo adherirse a los principios de base del modelo, como no buscar necesariamente el máximo beneficio en el menor tiempo posible o confiar en la fortaleza que ofrece el trabajo en red. Con estas premisas, según ellos, resulta mucho más complicado concebir una crisis que asole a todos a la vez. “La persona está por encima de cualquier cosa”, resumen. “No somos tan raros”.

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