El Gobierno de París tendrá también un año adicional para equilibrar sus cuentas

Bruselas estudia dar sendas de ajuste fiscal más razonable a varios países

El presidente francés François Hollande en La Moncloa. / ÁLVARO GARCÍA

Las tesis de Fráncfort y Berlín han ganado la batalla en Europa y, en vista de que ambos han decidido que aún no es el momento de estimular la demanda para que el motor europeo coja velocidad, Bruselas ha decidido al menos levantar el pie del freno de las políticas de austeridad. Francia, como España y otros países de la zona euro, tendrá más tiempo para equilibrar sus cuentas públicas. La recesión empieza a hacer estragos incluso en el corazón de Europa y se deja notar en las arcas del Estado. París tendrá un año de gracia, según fuentes europeas, de forma que el 3% de déficit deberá relucir en el marcador en 2014 y no en 2013: 12 meses más de oxígeno para François Hollande, que ayudarán a relajar la esperada presión de los mercados y que, según las fuentes consultadas en París y Bruselas, permitirán atenuar el coste social de los recortes.

Las mismas fuentes consideran que hay otros países candidatos —Moncloa apunta directamente a Holanda e Italia—, por lo que 2013 puede convertirse en un punto de inflexión para la política económica europea: seguirá sin haber espacio para estímulos, pero se pone en marcha un cambio en la dinámica de la austeridad, que se aplicará más a cámara lenta, para evitar que los ajustes retrasen la ansiada recuperación.

La decisión de la Comisión, que debe sustanciarse a mediados de febrero, llega después de comprobar que es muy posible que no lleguen a tiempo las reformas estructurales y el ajuste de 33.000 millones de euros emprendido por François Hollande para 2013: la previsión del 0,8% de crecimiento que maneja el Gobierno de Hollande es poco realista, según critican los analistas y admite el propio Ejecutivo, y la economía francesa estará más cerca del estancamiento o de la recesión.

La economía gala lleva varios trimestres rozando el estancamiento

El ministro de Economía, Pierre Moscovici, ya ha adelantado esta semana que el año 2013 será “muy difícil” para Francia. El retraso de la unión bancaria hasta bien entrado 2014, la negativa de Angela Merkel a inyectar dinero en Europa y la recesión de la eurozona han dejado claro que Francia va a tener que apañárselas sola para crecer lo necesario. “Hay que decir la verdad a los franceses y reconocer que para el mundo, Europa y Francia, 2013 será un año de crecimiento débil. Las previsiones son voluntaristas”, reconoció al Journal de Dimanche.

Moscovici asegura que el recorte del déficit (-4,5% del PIB previsto para este año) y la deuda (del 90% del PIB y subiendo) es una prioridad, pese a que el Tesoro se beneficia de unos tipos de interés baratísimos. Pero su discurso fija tres condiciones para la recuperación: que acabe la incertidumbre en la zona euro, que mejore la competitividad y la inversión en Francia, y que el consumo sea “sostenido”. Si el primer elemento parece posible siempre que no ocurra ningún accidente, los otros dos son muy dudosos.

En un panorama global de vacas cada vez más flacas, el FMI, el BCE, Alemania, Reino Unido y la Comisión Europea exigirán a cambio del año de gracia que Francia modere su gasto público —del 56% del PIB, del que un tercio se dedica a la protección social— y que reforme su mercado laboral y su sistema de pensiones: la misma fórmula aplicada en todos los países con problemas. Pero esto es Francia: el Ejecutivo no prevé anunciar más recortes para no perjudicar aún más una economía, que flirtea desde hace varios trimestres con la recesión, y puede toparse con dificultades para sacar adelante las reformas.

Francia debe aprobar reformas en el marco laboral y en las pensiones

El plazo límite para la concertación de la reforma laboral acabada este viernes, muy probablemente sin acuerdo: el mayor sindicato, la CGT, ha anunciado ya que no firmará el documento. En cuanto a las pensiones, Moscovici ha avanzado que la reforma aprobada por Sarkozy en 2010 se ha quedado obsoleta y hará falta aprobar una nueva antes de junio.

Pese a la bola extra de Bruselas, Hollande no tiene apenas margen de maniobra. El único líder socialista de Europa se mueve sobre un hilo fino: entre la obligación de cumplir las exigencias de sus socios, la urgencia de empezar a crear empleo, la necesidad de mantener la paz social, la promesa de redistribuir la riqueza con equidad y la convicción de que el diálogo es el único camino posible para reformar.

Una fuente de la Comisión asegura que Francia “está haciendo lo que debe”, y añade que el país no debe ser presionado en exceso porque está funcionando como el verdadero dique de contención de la crisis en Europa. “Si Francia entrara en barrena, la situación sería un desastre”, añade.

El problema básico, dicen las fuentes consultadas, es de credibilidad. Algunas medidas de Hollande, como la supertasa para ricos del 75%, han inquietado mucho en Alemania y Reino Unido, escépticos muñidores en la sombra de la pinza que ha puesto a Francia en el punto de mira de los mercados para 2013. Sin embargo, medidas como esa, que seducen a la izquierda radical, “son las que hicieron ganar las elecciones a Hollande y las que pueden ayudarle a hacer las reformas liberales que la derecha no hizo sin que las calles se llenen de banderas rojas”, indican fuentes financieras en Washington.

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