El motor de Europa marcha al ralentí

La crisis de los socios europeos acaba haciendo mella en la economía alemana

Un empleado trabaja en el rotor de una turbina de gas en la fábrica de Siemens en Berlín. / JOHANNES EISELE (AFP)

Todos los pronósticos económicos alemanes se están revisando a la baja. El paro crece, la demanda industrial se resiente y las exportaciones, que son el verdadero motor de la locomotora europea, renquean desde hace meses. La crisis de los socios europeos está afectando a la principal economía de la Unión, que en 2012 no ha podido suplir la debilitada demanda en la eurozona por la de economías emergentes como China. Las empresas invierten menos y el producto interior bruto (PIB), que creció un 0,2% en el tercer trimestre, podría contraerse en el trimestre en curso. La perspectiva de una recesión en Alemania inquieta a algunos economistas y conforta a otros, persuadidos de que la amenaza de ruina podría mover a la canciller Angela Merkel y a su Gobierno de centroderecha a impulsar nuevas medidas de crecimiento para la eurozona.

Ferdinand Fichtner, jefe de la sección de coyuntura del instituto económico berlinés DIW, les augura a estos una decepción doble. Primero, porque “no es de esperar que la economía alemana se enfríe, y segundo, porque, aunque fuera así, nada sugiere que Merkel vaya a moverse gran cosa” de su postura negociadora en Europa. Creen en el DIW que “Alemania está en una situación interna muy favorable”. Aunque en aumento, la tasa de paro ronda el 6,8%, los créditos son baratos, el Estado se endeuda casi gratis y la inversión puede reactivarse. La actual calma chicha económica contrasta con los soberbios crecimientos de 2010 (4,2%) y 2011 (3%), pero los economistas del instituto berlinés creen que “el punto de inflexión hacia arriba llegará a mediados de 2013”.

Si sube el empleo, como espera la patronal organizada en la IHK, también subirá el consumo interno alemán, tradicionalmente flojo en comparación con los socios europeos

Los economistas alemanes perciben una mejoría en China, cuyo auge económico fue uno de los acicates para la mejoría de 2010. Sin embargo, el mercado laboral tendrá que encajar el enfriamiento actual. Según reconocen en la Cámara de la Industria y del Comercio (IHK), es muy probable que el porcentaje de desempleados crezca en 2013 más allá del 7%. Su economista Alexander Schumann calcula que, a pesar de esto, se crearán unos 180.000 empleos netos que se cubrirán, “en gran medida, gracias a la inmigración”, que llegará “sobre todo desde el sur de Europa”.

Si sube el empleo, como espera la patronal organizada en la IHK, también subirá el consumo interno alemán, tradicionalmente flojo en comparación con los socios europeos. La inmigración contribuirá a esta mejora en la demanda. La que viene de los países más afectados por la crisis de la deuda, como España, está siendo absorbida por el mercado laboral alemán sin mayores problemas ni, por ahora, un rechazo social reseñable.

La IHK elabora una encuesta empresarial que, según Schumann, no ha sido nada optimista en sus ediciones más recientes. En cambio, la gran encuesta de confianza empresarial que confecciona el instituto muniqués IFO ha dado un inesperado giro en su última entrega de noviembre. Las 7.000 empresas consultadas creen que su situación actual es mejor que la de hace un mes. Pero, sobre todo, esperan que las cosas mejoren durante los próximos seis meses. Es la primera vez desde hace más de medio año que sube el barómetro IFO, considerado uno de los indicadores económicos más significativos del país. Según señalan en el propio instituto, “las empresas están siendo considerablemente menos pesimistas”. El jefe del instituto, Hanns-Werner Sinn, dice que “la economía alemana resiste ante la crisis europea”. Esto incluye las perspectivas de los exportadores, que por primera vez en cuatro meses creen que aumentará su negocio. Un impulso aún mayor viene de la construcción.

En Alemania cunde la preocupación por el desarrollo de los precios inmobiliarios, que aumentan a ojos vista en las ciudades

En Alemania cunde la preocupación por el desarrollo de los precios inmobiliarios, que aumentan a ojos vista en las ciudades. Las siete mayores de Alemania —Berlín, Hamburgo, Múnich, Colonia, Fráncfort, Stuttgart y Düsseldorf— han registrado aumentos del 9% en el precio de sus viviendas solo en 2011. Se cree que este aumento alcanzó el 11% este año. El suelo alemán, como su deuda soberana, se ha convertido en un valor refugio en las turbulencias de la crisis. Los ridículos intereses que ofrecen las cuentas de ahorro de sus bancos y la inseguridad de los mercados de renta variable contribuyen a que también los alemanes estén comprando más casas ahora que en los últimos años. Para Fichtner, “es preciso vigilar” está evolución, pero cree que no representa un riesgo tan grave como el de la burbuja inmobiliaria española o la estadounidense. El mercado hipotecario alemán es comparativamente restrictivo y “no está muy extendido el hipotecar viviendas para costear el consumo”, de modo que la explosión de una hipotética burbuja no impactaría sobre el resto de la economía con tanta virulencia como en España.

Respecto a la crisis de sus socios, la idea preponderante en Alemania es que países como España o Grecia dejaron crecer sectores de sus economías que se sustentaban sobre todo en capital extranjero. Cuando se va ese capital, toca reducir esos sectores para devolver el crédito. Los recortes económicos y el paro consiguiente afectan directamente a la capacidad adquisitiva de la población. Esto repercute en la economía alemana, que ve reducidas sus exportaciones. Axel Lindner, del instituto económico de Halle, prevé no obstante que “el cinturón de la austeridad en Europa podría empezar a apretar menos en 2013”. No es que Merkel vaya a aflojar la hebilla cambiando su política europea ni que los rescates vayan a negociarse más baratos, sino que los cuerpos que comprime el cinturón de la austeridad ya empiezan a ser considerablemente más flacos: “Estamos llegando al límite de estos esfuerzos y se está asumiendo que apretar más será contraproducente”, dice Linder.

La idea preponderante en Alemania es que países como España o Grecia dejaron crecer sectores de sus economías que se sustentaban sobre todo en capital extranjero

Para Fichtner, “es imposible que Alemania se emancipe de sus socios europeos” en beneficio de China u otros mercados emergentes. Es cierto que “el crecimiento de la exportaciones solo se mide fuera de la eurozona”, pero esta sigue suponiendo el 40% de la demanda. Un país como China “no podrá ser jamás un socio tan importante como lo es Francia; tanto por la situación geográfica como por la política: es imposible y nadie lo quiere”.

Así que el gran riesgo alemán es que la situación de los socios del sur no mejore. Alemania puede salir adelante con una recesión limitada entre sus socios, pero no con el hundimiento indefinido de sus principales mercados. Si la economía europea sigue así de floja, podría caer el empleo doméstico y Alemania se arriesga a una espiral viciosa de caída de consumo y aumento del paro. En la Cámara de Comercio IHK, no obstante, dicen ver “indicios de que las cosas en España, por muy mal que estén en términos actuales, podrían estar empezando a repuntar lentamente”.

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