Londres, entre el veto y la salida de la UE

Lo que antes era una opción extrema con la que soñaban un puñado de acérrimos euroescépticos, es ahora una alternativa de la que se habla con toda normalidad

Las negociaciones financieras de este año pueden acabar colocando al Reino Unido mirando hacia la puerta de salida de la Unión Europea. Lo que antes era una opción extrema con la que soñaban un puñado de acérrimos euroescépticos, es ahora una alternativa de la que se habla con toda normalidad. Y puede convertirse en el tema central del debate político sí, como parece probable, Londres se acaba llevando varios batacazos en las cumbres de este mes y de diciembre, a las que el primer ministro, el conservador David Cameron, llega enarbolando la bandera del veto.

El problema es que, a diferencia del pasado, las amenazas de veto de Londres cansan más que impresionan y difícilmente conseguirán parar al resto de socios.

La primera batalla es la presupuestaria, a la que Cameron llega defendiendo un recorte de 200.000 millones de euros respecto a las propuestas de Bruselas para el periodo 2014-20 y con la exigencia de su parlamento de ir aún más allá. El primer ministro quiere congelar los presupuestos europeos, que no podrían crecer por encima de la inflación. Si acaba vetando el acuerdo, que ha de ser unánime, se da la paradoja de que se pondría en marcha el procedimiento de emergencia, con un crecimiento presupuestario del 2% por encima de la inflación. Paradoja: si veta, Cameron pierde más que si no veta.

En diciembre llegarán otras dos batallas: la unión bancaria y el impuesto de transacciones financieras para contribuir al presupuesto comunitario. Cameron se opone a la segunda, pero los demás socios parecen dispuestos a aplicarla aunque sea sin los británicos.

El primer ministro está a favor de la unión bancaria dentro de la zona euro, pero quiere garantías de que las decisiones que se tomen en esa unión bancaria no perjudiquen los intereses de la City. Por eso se desmarcó de los acuerdos de la cumbre de octubre de 2011.

Aunque Angela Merkel intentó poner buena cara el miércoles en su visita a Downing Street, en Berlín se observan con cada vez más impaciencia las exigencias de Londres y muchos socios se preguntan por qué hay que salvaguardar los intereses de la City frente a los del conjunto de la UE.

Parece muy difícil que pueda haber un acuerdo porque la tesis británica de que las decisiones reguladoras que tome la Autoridad Bancaria Europea (EBA) pasen el rasero de una doble votación (los países del euro por un lado y los de fuera del euro por otro) sería tanto como darle a Londres el derecho de veto sobre cómo se han de regular los bancos de la zona euro.

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