Todos odian a Ryanair, pero todos la imitan

Iberia y British Airways dicen no ser de bajo coste pero crearon Iberia Express y compran Vueling

Michael O´Leary, presidente de la compañía aérea Ryanair. / LUIS SEVILLANO

Si hay una compañía universalmente odiada por el resto de las aerolíneas es Ryanair. No hay ni un solo consejero delegado que no confiese pública y expresamente su rechazo al modelo low cost implantado por el gigante irlandés. Pero no hay ni uno solo que no acabe imitándola. Los resultados le están dando la razón a la compañía presidida por Michael O’Leary. Frente a la crisis general y la caída de demanda, Ryanair disparó sus ventas en el primer semestre fiscal un 15%, su beneficio un 10% y batió el récord de pasajeros.

Una de las premisas que utilizó Iberia para defender su fusión con British Airways en 2010, tras más de dos años de negociaciones, fue precisamente que la creación de uno de los mayores grupos aéreos del mundo, con una flota de 400 aviones y unos ingresos de 15.000 millones anuales, permitiría dominar el mercado de los trayectos de medio y largo recorrido y generaría unas sinergias de 400 millones de euros. Esos ahorros no se han hecho patentes. Al contrario, British e Iberia han seguido caminos opuestos en rentabilidad. La aerolínea española prevé perder este año 300 millones de euros.

Ryanair demostró que lo importante no es el tamaño sino el coste. Y que su modelo de compañía “ultralowcost” como le gusta calificar a O’Leary para diferenciarla del resto de compañías de bajo coste. Iberia, que abominaba de ese modelo, no tuvo más remedio que crear su propia low cost, que echó a volar el pasado mes de marzo, en medio de las protestas masivas de sus trabajadores que estimaban que era un primer paso para desmantelar la matriz y degradar sus condiciones laborales.

Iberia perseguía hacerse un hueco en los vuelos de corto y medio recorrido que domina Ryanair. Pero no bastaba. Esta misma semana daba otra vuelta de tuerca en su camino decidido a conquistar terreno low cost y anunciaba el lanzamiento de una oferta pública de adquisición por el 100% de las acciones de Vueling. La compañía, además de ser muy rentable (multiplicó por dos su beneficio en los nueve primeros meses del año), está centrando su estrategia en los mercados europeos (Escandinavia, Alemania, Rusia y Francia) para dar batalla a Ryanair.

La política laboral de bajos salarios predicada por la aerolínea irlandesa también está siendo imitada. El plan de ajuste de Iberia prevé rebajas salariales de hasta el 35%. Las pagas de los pilotos del SEPLA van a dejar pronto de escandalizar a gran parte de la opinión pública.

En lo que aún no emulan los directivos del resto de aerolíneas a Ryanair es en moderar sus propios sueldos. Mientras O’Leary, batiendo récords de rentabilidad, cobra 1,2 millones de euros al año, el consejero delegado de Iberia, Rafael Sánchez Lozano, percibe más de 1,5 millones (salario base, bonus y plan de pensiones) y el de IAG, Willy Walsh, casi tres millones.

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Redactora de Economía en EL PAÍS

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