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El desconcierto, versión rescate español

España asegura que las condiciones están prácticamente pactadas y achaca

a Alemania los retrasos. Bruselas augura una solución ‘en unas semanas’

Reunión de ministros de Finanzas en el Eurogrupo de junio.
Reunión de ministros de Finanzas en el Eurogrupo de junio.

"El rescate de España es un misterio”, explica en su despacho el ministro de Finanzas de uno de los 17 países de la eurozona, con la grabadora apagada y casi en un susurro, como si temiera la reprimenda de Berlín o la ira de Madrid por revelar lo que en realidad es ya un secreto a voces. La ayuda europea a España llegará en unas semanas, según fuentes de Bruselas. La negociación se ha llevado fuera de los focos, pero está prácticamente cerrada, según fuentes del Gobierno español. Y sin embargo no va a concluir de inmediato: sobre todo el asunto reina una extraña confusión alimentada desde Madrid y Berlín. A juzgar por las declaraciones del presidente Rajoy y de la canciller Merkel, el rescate está en el aire, a pesar de que cualquier cosa —cualquier cosa— puede salir mal, alborotar los mercados y obligar a tomar una decisión fundamental para el futuro del euro, y no digamos de España, a todo correr. “Ni Berlín ni Madrid dan pistas de cómo van las cosas”, apunta el ministro con aires de saber más de lo que dice.

Junto con él, los titulares de Finanzas de la eurozona se reúnen mañana en Luxemburgo para discutir la situación económica y a las reformas emprendidas en España, según la agenda del Eurogrupo. A priori, no habrá ni una palabra del rescate. Nadie alude oficialmente a la posibilidad de que ni siquiera se discuta el estado de las negociaciones —“¿hay negociaciones?”, ironiza un diplomático de uno de los países implicados—, y de momento solo hay declaraciones que parecen sacadas de una mala partida de cartas: “No necesitamos un rescate; lo contrario es un malentendido”, apuntaba De Guindos el jueves en Londres.

El Gobierno dice que Merkel quiere una solución global para la Eurozona, que incluiría a Italia

Y aun así, una miríada de analistas da por sentado ese rescate. Está hecho. Al 100%. No cabe duda: los grandes periódicos de este país y hasta Televisión Española preparan programas especiales al respecto. Se especula sobre la fecha (tan pronto como hoy, según la quiniela de Reuters; en el plazo de unas semanas, según las fuentes consultadas), con la modalidad, con las condiciones. Lo curioso del caso es que frente a esa apariencia de seguridad son precisamente los dos actores claves —Madrid y Berlín— quienes dicen que no. Que aún no. Que tal vez —aseguran, al menos en público, con cara de póquer— nunca haya un rescate.

Pero la petición es más que probable. El Gobierno español apunta que las condiciones ya están prácticamente pactadas y achaca el retraso a Alemania, según una fuente del Ejecutivo. Berlín no quiere que los rescates que están sobre la mesa vayan decantándose uno a uno, como en un sistema de goteo: quiere una “solución conjunta”, según la citada fuente, un paquete completo que incluya a España, Chipre y potencialmente a Eslovenia, pero también las revisiones de Grecia y Portugal, y —atención— a Italia. La recesión italiana va a peor, y al final la falta de crecimiento se dejará notar sobre las cuentas públicas. Fuentes españolas alegan que Italia ha logrado quedarse de perfil detrás de España, pero Berlín presiona para que forme parte de ese paquete. Eso dificulta la jugada: requiere más diplomacia y más tiempo. Consultado por este periódico, un portavoz del Gobierno alemán negó ayer esa opción, y rechazó que Berlín sea responsable de que el rescate no acabe de llegar.

Berlín alega que ni Madrid aclara que quiera la ayuda ni siquiera que la necesite

Las maniobras de distracción tienen múltiples explicaciones. Rajoy quiere evitar el estigma de una segunda “línea de crédito”, de “eso que ustedes llaman rescate”, en palabras de Soraya Sáenz de Santamaría. Quiere asegurarse buenas condiciones. Prefiere esperar y ver mientras el mercado no le obligue a pedir el dinero. Y, sobre todo, le viene bien diferir la solicitud hasta que pasen las elecciones vascas y gallegas. A la postre, barrunta el Ejecutivo, tal vez todo se solucione, quizá España logre cumplir sus compromisos de déficit para este año e incluso las previsiones incluidas en los Presupuestos de 2013 (una caída del PIB del 0,5%), poco verosímiles ante una conjunción astral de crisis: bancaria, económica, de deuda, política e institucional.

Alemania y sus aliados tienen también sus motivos: Berlín asegura que ni España parece querer el rescate, a juzgar por las declaraciones de Rajoy y Guindos, ni está claro que lo necesite. Según las tesis de Alemania, España sigue fianciándose en el mercado (cierto) a tipos de interés muy razonables (muy discutible: si fuera así el BCE no estaría a punto de activar el botón nuclear). Según diversas fuentes, Alemania prefiere agrupar todos los problemas de la periferia -incluida Italia, apostillan fuentes del Gobierno español- en un solo voto en el Bundestag para evitar el desgaste político, y para impedir que el BCE tenga que disparar a ráfagas y la solución a la crisis europea siga llegando con cuentagotas. Y en caso de rascarse el bolsillo, quiere condiciones leoninas.

Pese a esa ambigüedad calculada en cancillerías y ministerios, para las fuentes consultadas (uno de los inversores que se reunieron con Guindos en Londres, funcionarios del Consejo y la Comisión, dos ministros de la eurozona, fuentes próximas al BCE y al FMI), el resumen de lo que va a suceder es el que sigue. España pedirá ayuda “en el plazo de unas semanas”, aseguran tanto una alta fuente en Bruselas como un ejecutivo de un gran fondo. La modalidad del rescate será una “línea de crédito con condicionada reforzada”, según la deliciosa jerga de Bruselas: una especie de aval con el que los inversores quedarían cubiertos por el fondo de rescate de una quita del 20% o el 30% del valor de la deuda emitida. Eso permitiría no tener que gastar más fondos (salvo en caso de impago), aunque la compra directa de bonos no está totalmente descartada. En cuanto a las condiciones, el aspecto más peliagudo de la jugada, dependen del tempo que Rajoy emplee. “Puede seguir amagando mientras el mercado esté tranquilo, pero a nadie se le escapa que esa tranquilidad solo resistirá mientras el mercado crea que va a acudir al rescate”, explican fuentes diplomáticas. “Hay que pedir el rescate mientras aún no se desate el incendio”, abunda Santiago Carbó, de la Universidad de Bangor. Si en el momento de la petición sigue el viento a favor, “España podrá asegurarse unas condiciones iniciales relativamente suaves porque ha hecho los deberes”, indican fuentes próximas al FMI. Si empieza el vendaval, las condiciones serán durísimas. Pero atención: “Aunque al inicio las condiciones sean suaves, en cuanto llegue la primera revisión del programa y se vea que no hay forma de cumplir con el déficit las condiciones se volverán severísimas. Así ha sido siempre”, apostilla un alto funcionario comunitario.

España mantiene que esas condiciones están ya prácticamente pactadas. Una: elevar la edad efectiva de jubilación para acercarla a la legal y reformar el sistema de pensiones con la aceleración del factor de sostenibilidad (para acompasar la esperanza de vida a los principales parámetros del sistema). Dos: una nueva vuelta de tuerca a la reforma laboral si no da los resultados esperados. Y tres: posible negativa a la revalorización de las pensiones. Madrid, además, pretende que a la postre la petición active al BCE, pero que el fondo europeo no gaste un solo euro: de lo contrario las agencias de calificación de riesgos rebajarían el rating español a bono basura y España saldría del mercado, lo que puede tener efectos catastróficos.

¿La jugada está clara? Mueve Alemania, según Madrid. De eso nada, según Berlín. Así están las cosas.

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