Zuckerberg a la española

España cuenta con una excelente cosecha de emprendedores en Internet

Horacio Martos y Andrés Bou, fundador de Social Point

La idea de que España no tiene jóvenes emprendedores high tech al estilo de Mark Zuckerberg, fundador y presidente de Facebook, o Larry Page, uno de los creadores de Google, es un tópico, y falso. Salvadas las distancias con Zuckerberg (con una fortuna de 17.500 millones de dólares, según Forbes), nuestro país ha generado estos últimos 15 años decenas de jóvenes emprendedores en Internet, algunos con gran éxito internacional. Ahí están los casos ya muy conocidos de Javier Pérez Dolset (Zed), Mikel Urizarbarrena (Panda), Javier Pérez Tenessa (Odigeo), Jesús Encinar (Idealista.com) o Tomás Diago (Softonic), con proyectos pioneros y hasta rompedores y facturaciones de decenas o centenares de millones de euros, buena parte fuera de España. Pero lo más importante es que la anterior ola de start-ups, de finales de los noventa y principios del presente siglo, no solo no se ha desvanecido, sino que está cogiendo fuerza. Surgen proyectos casi cada semana. Y muchos se consolidan.

La barcelonesa Social Point, una compañía de producción de juegos para Facebook fundada en 2008, que recibe ya 30 millones de visitas al mes y opera en varios idiomas, desde el inglés hasta el chino, alemán o ruso, es una de las más recientes. Y triunfantes. Dicen que, en Internet, el éxito, o es rápido o no es. Los dos fundadores de Social Point, Andrés Bou y Horacio Martos, informáticos, y con solo 23 años cuando fundaron la compañía, no pueden quejarse. Sin dinero, sin oficina, trabajando en el ordenador de casa y sin medios para contratar dibujantes, les faltó tiempo para lograr una rápida aceptación para sus desarrollos. Después de facturar 300.000 euros en el primer año, subieron a 3 millones en 2011 y a 11 millones previstos para 2012. Todo va tan rápido que, dicen en la compañía, “a mediados del año pasado éramos 14 trabajadores y ahora somos 100. Estamos reclutando a tres o cuatro personas a la semana”. La quinta empresa del mundo en juegos para Facebook, Social Point, ha recibido dos rondas de financiación entre 2011 y 2012 por un valor total de 8,4 millones de euros.

Xabier Uribe, fundador de Anboto

Tan espectacular o más, si cabe, es el caso del catalán Pau García-Milá con su empresa de desktop en la nube, EyeOS, fundada en 2005 con 17 años y que pasó a ser proveedora exclusiva de IBM para todos los clientes que adquieren la infraestructura de servidores de la multinacional. EyeOs, que tiene varias decenas de profesionales en nómina, fue, de hecho, el inventor del escritorio web en la nube, una idea que se le ocurrió a García-Milá en la universidad. Ahora computa más de un millón de descargas en todo el mundo. Gartner la seleccionó el año pasado como uno de los cinco coolest vendors en operaciones de gestión de tecnologías de la información.

La bilbaína Anboto se está haciendo un hueco en el segmento de los asistentes virtuales de voz (para comercio electrónico). Fundada en 2009 por Xabier Uribe-Etxeberria, cuando tenía 27 años, la empresa tiene ya filiales en EE UU.

¿Y qué decir de los jóvenes fundadores de Panoramio, una web de fotografías geolocalizadas, Eduardo Manchón y Joaquín Cuenca, que se lanzaron al ruedo en 2005 con 28 años? Tan fuerte fue su impacto, que dos años después fue adquirida nada menos que por Google.

Otro de los pioneros jóvenes es Tomás Diago, que fundó Softonic en 1997, con 22 años. Su idea era “crear un portal de descargas de software en español, ya que el único que había estaba en inglés”. Quince años después, Softonic es ya el primer portal del mundo en su campo, con 130 millones de usuarios (solo 10 millones en España) en 10 idiomas. El año pasado facturó 45 millones de euros con un resultado neto de cerca de 25 millones, una ratio asombrosa. Diago ha corrido tanto, que Softonic, dice, “es más grande que la empresa que utilizamos de modelo”.

El acelerón de start ups en Internet obedece, según Borja Mascarell, de Deloitte, a “una crisis económica que ha dejado a muchos jóvenes sin perspectivas laborales”. Esto explica lo que está ocurriendo, pero solo en parte. Muchos de estos emprendedores han abandonado empleos bien remunerados. Joel Santirso, un ingeniero vasco de 28 años, optó por dejar un cargo de auditor en el Banco Santander para fundar Worlmunity, un nuevo portal de empleo. “Revisando los portales de empleo”, recuerda, “comprobé que los más habituales estaban obsoletos, por lo que había una oportunidad para crear algo nuevo, una mezcla de portal de empleo (como InfoJobs) y de networking site (como LinkedIn)”. Una oportunidad que Santirso no dejó escapar.

Tomás Diago, de Softonic / MIQUEL COLL

No es el único caso. Muchos de estos jóvenes se han decantado por emprender porque iba más con su forma de ser que trabajar por cuenta ajena. Uno de ellos es Javier Pérez Tenessa, de Odigeo, un ingeniero aeronáutico que renunció a una carrera ejecutiva (había trabajado en Mckinsey o Netscape) tras un máster en Stanford, donde “descubrí lo que era el Silicon Valley”. Pérez Tennessa tenía 30 años en 2010, cuando fundó una empresa que hoy es el primer portal europeo de viajes, con ventas de 4.000 millones de euros.

Algo parecido le pasó a Jesús Encinar, un licenciado de ICADE con un máster en Harvard que, trabajando en una consultora de Silicon Valley, se quedó fascinado con lo fácil que era allí alquilar una casa por Internet. Enseguida volvió a España para poner en marcha una web inmobiliaria, Idealista.com, actual líder de su segmento. Tenía 29 años.

Otro que optó por abandonar una prometedora carrera en banca de inversión (Bankers Trust) para lanzarse a la piscina fue Luis Pérez del Val, quien lo dejó todo con 26 años para crear Bodaclick en 2010. Hoy es una de las webs líderes en el mundo en todo lo relacionado con las bodas. La empresa, que vive de la publicidad, tiene, según Pérez del Val, cerca de 15.000 anunciantes en sus ediciones de España, Portugal, Italia, Polonia, Brasil o México.

Muy distinto es el caso de Carlos Barrabés, que vivía en un pueblecito perdido del Pirineo de Huesca y no fue a Stanford ni nada parecido. Sin embargo, su experiencia obedece a un mismo patrón: las ganas de independencia. En lugar de dedicarse al negocio familiar, Carlos, con 18 años, fundaba en 1995 el primer portal de comercio electrónico de España, Barrabés, un objeto de culto que ha acabado por convertirse en una auténtica comunidad para los amantes de la montaña en todo el mundo.

Pero, ¿por qué tan jóvenes? Una de las explicaciones es que montar un negocio en Internet, al menos en la mayor parte de sus segmentos, apenas necesita inversión, al menos durante las fases iniciales. Cierto. Manchón y Cuenca desarrollaron y vendieron Panoramio a Google sin tener siquiera oficina. Trabajaban en sus casas, en Cox y Callosa de Segura, dos pueblos de Alicante. Eso no les impidió que en dos años, los usuarios se subieran cinco millones de fotos de todo el mundo.

Otro de los argumentos es que solo los jóvenes, los llamados Nativos (nacidos o creados en el universo de la Red), estarían en condiciones de entender la esotérica lógica de un mundo que cambia a tal velocidad que asusta a los mayores.

“En este sector nos resulta inquietante envejecer y perder pie”, afirma Tomás Diago, de Softonic. La estrategia para evitarlo es, para él, “tener una plantilla joven y una cultura participativa que nos permita absorber todas las ideas, como una esponja”.

Puede que esto sea también una excusa. Si es cierto que muchos de estos jóvenes —los de Social Point, EyeOS, Zed, Panorámico o Softonic— venían de carreras y entornos tecnológicos, otros no. Porque lo más asombroso de todo es que muchos de los que han triunfado no tenían la menor idea de tecnología cuando empezaron. “No es que no tuviera idea de Internet”, explicaba Barrabés en una entrevista, “es que ni siquiera tenía ordenador”.

La tribu de los ‘Number one’

Puede que aquello de que “España tiene la juventud mejor preparada de siempre” sea un tópico en general. Pero no lo es en el caso de los centenares de jóvenes emprendedores tecnológicos que están sembrando España de start ups tan sofisticadas. Se trata en general de profesionales con perfiles y currículos impresionantes que los sitúan un tanto en el extrarradio de la normalidad. Aun cuando muchos de ellos empezaron sus empresas con veinte y pico años, tuvieron tiempo para estudiar varias carreras y luego tentar la suerte en diversas empresas. Un solo ejemplo como muestra. Antes de fundar Social Point, con 23 años, Andrés Bou tuvo tiempo para sacar la carrera de Ingeniería Superior en Informática por la Politécnica de Barcelona, realizar un máster de Creación de Empresas en L’École de Management de Normandie, realizar prácticas como consultor en compañías francesas como Mineastone, CPM Industries y Dresser y trabajar como analista y desarrollador para Districte Digital.

Estamos ante algo más que unos alumnos altamente aplicados e inteligentes; son gente con ambición y ganas de triunfar y las cosas muy claras. Como las tenía Uribe-Etxeberria. Este experto en lenguaje computacional, que creó Anboto con solo 3.000 euros, explica que, pese a lo ínfimo de la inversión, “mi objetivo era crear una empresa que fuera líder mundial en sistemas de eService basados en el motor semántico más potente del mundo”.

Por si todo lo de arriba no fuera ya suficiente, muchos de ellos han recibido importantes premios en el ámbito internacional por las ideas empresariales desarrolladas. Anboto, por ejemplo, fue elegida en 2010, un año después de su fundación, como la mejor start up del mundo por Innovate 100, el influyente ranking creado por Chris Shipley, la fundadora de Salesforce.com. Un galardón que logró frente a otras 1.000 empresas analizadas y cien finalistas. Pau García-Milá, de EyeOS, ganó el premio al innovador del año 2011 otorgado por la Technology Review, del célebre MIT.

FE DE ERRORES

En una edición anterior de este artículo se situaban los pueblos Cox y Callosa de Segura en Murcia, cuando en realidad están en Alicante.

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