Selecciona Edición
Iniciar sesión

España planea usar el sobrante del rescate bancario para no pedir más dinero

La medida limitaría el coste político en Madrid y en los países del Norte

El Gobierno confía en no llegar a disponer de los fondos de la nueva ayuda

Luis de Guindos habla con el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker. KATIA CHRISTODOULOU (EFE)

El Gobierno tiene preparada una fórmula para que el segundo rescate español no provoque aún más desgaste a Mariano Rajoy, no suponga asfixiantes condiciones adicionales para la ya muy maltrecha economía española y, de paso, venza las reticencias crecientes de los países del Norte, encabezados por Alemania. Se trata, según fuentes del Ejecutivo y del Eurogrupo, de disponer del dinero sobrante del rescate bancario —que asciende a un máximo de 100.000 millones de euros, de los que pueden llegar a quedar hasta 60.000 millones sin usar— para conseguir que el Banco Central Europeo apriete el gatillo con la compra de deuda, el botón nuclear que con solo mentarlo ha aflojado la soga al cuello de los mercados. Si esa tensión regresa no habrá más remedio que pedir un segundo rescate a toda velocidad, probablemente asociado a tremendas condiciones. Pero si el actual paréntesis se prolonga el Gobierno tratará de hacer encaje de bolillos con esa receta, que busca contentar al BCE, a los mercados, a los socios más duros y a una ciudadanía muy fatigada por la sobredosis de recortes.

Madrid juega con varios escenarios, entre los que ni siquiera descarta de plano la opción poco realista de quedarse de brazos cruzados, y la más costosa que sería un segundo rescate puro y duro: más dinero y por tanto más tijera. En medio de esos dos extremos, España y sus socios tratarán de perfilar una estrategia alternativa que minimice el coste político para todas las partes y contente al BCE, la última llave de casi todo. Esa fórmula pasa por exprimir los fondos ya aprobados por los socios en el primer rescate bancario, de hasta 100.000 millones, para no tener que solicitar dinero adicional.

Madrid juega con varios escenarios, entre los que ni siquiera descarta de plano la opción poco realista de quedarse de brazos cruzados

Las necesidades de capital del sector financiero, que se determinarán a finales de la semana próxima, serán de unos 60.000 millones. Economía y el Banco de España esperan que a través del banco malo, y de los fondos que las entidades necesitadas puedan conseguir por sí mismas, la petición final al mecanismo de rescate se sitúe entre 40.000 y 45.000 millones. Eso dejaría disponibles entre 55.000 y 60.000 millones: las condiciones de la ayuda financiera a España permiten usar esos fondos para abrir fuego en el mercado de deuda, o al menos amenazar con disparar, la opción que prefiere el Gobierno, mediante una línea preventiva que España confía en no llegar a usar. Alternativamente, a España también le gustaría una fórmula en que la línea de crédito sirviera como paraguas a la vez para varios países, de modo que el estigma fuera menor.

En todo caso hay que presentar una petición formal al fondo de rescate que conllevaría la aprobación de un nuevo memorando de entendimiento: nuevas condiciones. Básicamente, un calendario de ejecución de los recortes y reformas que exigen los socios, que Madrid tratará de anticipar la semana próxima para presentar como una idea propia lo que en realidad es una imposición y evitar sorpresas desagradables. Se trata de una fórmula precautoria: el dinero está listo para ser usado, para comprar bonos o avalar las compras en las emisiones del Tesoro, aunque el objetivo es hacer la petición, pero no tener que disponer del dinero, sino seguir financiándose en el mercado. Con el nuevo memorando de condiciones, el BCE tendría luz verde para comprar deuda.

Si la tensión regresa, toda esa estrategia se irá al garete. Pero si no hay accidentes, esa fórmula inédita “allanaría el camino políticamente en España y en Berlín, siempre que cuente con el visto bueno del BCE”, siempre según las citadas fuentes.

El calendario está repleto de fechas clave durante el próximo mes de octubre

El presidente del BCE, Mario Draghi, lanzó en agosto una propuesta de compra de deuda, que solo se pondrá en marcha cuando los países que quieran beneficiarse soliciten un rescate con estrictas condiciones. Con esa jugada deja la pelota en el tejado de los socios de la Eurozona: si países como España o Italia quieren el bazuca del BCE, antes deben solicitar ayuda y aceptar las condiciones asociadas. Gobiernos y mercados han seguido con lupa las comparecencias de Draghi, que ha sido siempre ventanilla de último recurso para la banca, pero se ha resistido con uñas y dientes a serlo para los Estados. Draghi ha dejado entreabiertas algunas puertas: el rescate europeo tiene que estar “listo para ser activado”, según el gobernador, para que el BCE empiece a disparar, pero en principio no es necesario que el fondo de rescate compre efectivamente deuda en el mercado primario (nuevas emisiones). De ahí que el Ejecutivo español interprete que puede utilizar el dinero sobrante del primer rescate a través de esa fórmula precautoria: los hasta 60.000 millones estarían listos para ser usados, y eso comportaría nuevas condiciones como exige el BCE, pero no sería necesario pedir el dinero prestado.

El ministro alemán Wolfgang Schäuble declaró hace unos días que si España no necesita más dinero “sería estúpido que lo pidiera”: a Madrid le toca ahora desvelar si esa receta se ajusta a los deseos de Berlín, y escrutar cómo reaccionan los demás socios del euro y sobre todo el BCE. “En los próximos días tiene que precipitarse todo el proceso: las presiones para que Madrid solicite el rescate están en marcha, pero España sigue en un limbo extraño que tiene que empezar a despejarse la semana próxima, con los Presupuestos, el plan de reformas anunciado y las necesidades de capital de la banca”, explicaron fuentes financieras.

El calendario está repleto de fechas clave: la segunda semana de octubre hay un Eurogrupo decisivo; apenas unos días antes se reunirá el consejo de gobierno del BCE. El 18 y 19 de octubre, los jefes de Estado y de Gobierno se reunirán en Bruselas en la vigésimo quinta cumbre decisiva para salvar el euro. En esos días, en fin, debe haber noticias concluyentes acerca del eterno problema griego —más tiempo para que Atenas cumpla con el déficit, pero probablemente no más dinero— y una solución definitiva para un segundo rescate español que active el bazuca del BCE. De lo contrario, el lío está asegurado.