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Rajoy negocia para esquivar las condiciones más duras del rescate

El mercado da por hecho que España pedirá el rescate en otoño.

Los analistas consideran arriesgado demorar la decisión por las elecciones gallegas o vascas

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, junto a la canciller alemana, Angela Merkel, el pasado jueves en La Moncloa.

“Estamos impresionados con las reformas de España”. Esa es la frase clave del discurso de Angela Merkel en Madrid esta semana. Con diversas variantes, es la que vienen pronunciando en los últimos días, con mayor o menor énfasis en función de la gravedad de la situación, altos dirigentes y cargos medios del FMI y de la Comisión Europea, después de más de dos años aplicando uno de los mayores tijeretazos entre los países avanzados.

El paso adelante del BCE esta semana prácticamente obliga a España a solicitar un segundo rescate, con “estrictas condiciones”, según expresó Mario Draghi el pasado jueves. Ese es el quid de la cuestión: fuentes del Ejecutivo español aseguran que después del esfuerzo realizado, la economía está exhausta y más recortes solo ahondarían la recesión y agravarían una tasa de paro que está en niveles estratosféricos. “Más tuercas no se pueden apretar; de lo contrario empezaremos a tocar hueso”, indican las citadas fuentes gubernamentales que aseguran que aún no está decidido si se reclamará la ayuda.

"Más tuercas no se pueden tocar, de lo contrario tocaremos hueso"

Pero tras el acuerdo del BCE de poner en marcha un salvavidas que permite la compra ilimitada de deuda soberana, los mercados ya descuentan que España pedirá el rescate. La prima de riesgo bajó cerca de 150 puntos esta semana. Analistas y asesores también dan por sentado que Rajoy tendrá que llamar a la puerta del BCE más pronto que tarde.

“Lo lógico es que de aquí a octubre se hayan iniciado los trámite para solicitar la línea preventiva. Retrasarlo restaría credibilidad una vez que las cartas están ya sobre la mesa”, explica Sara Baliña, de Analistas Financieros Internacionales (AFI). “El BCE ya ha manifestado que habrá condicionalidad y ha dejado claro cuáles son los mecanismos para España e Italia. Entonces, ¿para qué retrasarlo?”, se pregunta Baliña.

España ha iniciado una ofensiva diplomática en Bruselas, en Washington, en Berlín y en Fráncfort con la tesis de que las reformas están encarrilladas, de que el déficit se va a cumplir, de que el esfuerzo por embridar las cuentas públicas y controlar el agujero bancario es titánico. Si Madrid lograra convencer de eso a sus socios, el segundo rescate apenas comportaría nuevas condiciones presupuestarias. Eso sí, habría que ceder soberanía materializada en un exigente calendario de aplicación de las medidas ya impuestas y un exhaustivo control e inspección de su cumplimiento.

"El BCE ha abierto una nueva partida. Las claves ahora son políticas"

“El BCE ha abierto una nueva partida, ha repartido nuevas cartas. Hay que anticipar la mano y negociar porque habrá condicionalidad. Es un nuevo escenario. Y las claves ahora no son económicas, sino políticas”, asegura José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. “La nueva situación requiere habilidad política, porque cuando se pida el rescate se abrirá un nuevo proceso con 17 parlamentos nacionales que tienen que aprobar las ayuda”, advierte.

El problema, según fuentes de Bruselas, es que para cuando España pida el rescate ya estarán claras tres cosas: que es muy, muy difícil que España cumpla sus objetivos de déficit a la vista de la recesión y de la caída de ingresos públicos [el déficit de la Administración central superó ya en julio el límite para todo el año]; que el problema de la banca se ha abordado con decisión, pero la sospecha es que hay más esqueletos en el armario, y finalmente que Rajoy no ha conseguido acabar con las sospechas de que las desviaciones van a volver a llegar por el lado de las comunidades. “Si esas tres sospechas se confirman, las condiciones al segundo rescate español serán duras”, según fuentes de Bruselas.

Si España incumple el techo de déficit, las condiciones serán más duras

Con el calendario también hay incertidumbres, ligadas al ciclo político europeo y al español. Nadie espera una petición inmediata: la semana próxima hay elecciones en Holanda; el miércoles 12 se espera la temida sentencia del Tribunal Constitucional sobre los mecanismos europeos de rescate y se celebrará el Ecofin (reunión de ministros de Finanzas de la UE) con un menú clarísimo: paella y yogur griego. España y Grecia, de nuevo, protagonizarán esa cita, en el que deben aclararse tanto el calendario de la petición como el apetito de los socios europeos por facilitar (o no) las cosas con condiciones suaves (o no).

“Esa es una conversación que debe producirse no entre España y el BCE, sino entre España y los otros miembros de la Eurozona”, señaló ayer Benoit Coeure, consejero francés del BCE, en una entrevista en France Inter. Y la factura que le pasen a España, debe contar con el visto bueno de Berlín y de los países del norte de Europa. "Los otros jugadores de esta partida, las instituciones internacionales y los países del norte, quieren cercarte para que levantes las cartas rápido. Por eso, España debe jugar con destreza", insiste Díez.

"Lo ideal sería presentar un presupuesto plurianual creíble que incluya la condicionalidad"

En el horizonte también sobresalen otras fechas. La idea de que el Ejecutivo podría retrasar la decisión sobre el rescate a la espera de las elecciones gallegas y vascas (21 de octubre). Antes, el Gobierno tendrá que presentar el Presupuesto para 2013 (última semana de septiembre), que debería contener más medidas para avanzar en la ardua tarea de cuadrar las cuentas públicas. Además, los mercados observan con voracidad los importantes vencimientos. El Gobierno debe afrontar pagos por cerca de 30.000 millones el próximo mes. Además, aún tiene que poner en marcha el Fondo de Liquidez Autonómico (otros 18.000 millones) para aliviar la asfixia financiera de las comunidades. “No hay premura mientras que el Gobierno vea que tiene capacidad para ir colocando la deuda. Por eso, es importante tener en cuenta el calendario de vencimientos del Estado, pero también de las comunidades autónomas", opina José Ignacio Conde-Ruiz, subdirector de Fedea.

A medio plazo, las citas electorales en Alemania —siempre Alemania— e Italia marcarán el tempo de la ofensiva europea contra la crisis, con España convertida en una suerte de línea Maginot del euro. “Si al final hay petición, lo lógico es que se estrechara el control y que se explicitara que España debe cumplir lo que ya se ha comprometido; nada más”, confía una fuente del Ejecutivo.

Pero eso no está claro: también a Portugal e Irlanda les pusieron una especie de pasarela hacia el rescate con promesas de suaves condiciones. Y las condiciones no fueron suaves. Cabe pensar aquello de que España es diferente: es la cuarta economía de la eurozona, y abocarla a una recesión aún más grave con medidas aún más duras (que empiecen a raspar el tuétano del Estado del Bienestar) puede llegar a ser contraproducente. “Lo ideal sería presentar un presupuesto plurianual creíble y con medidas que se anticipen a la posible condicionalidad. Eso daría la imagen de que un Gobierno elegido democráticamente toma las decisiones por sí mismo y no se las imponen de fuera” apunta Conde-Ruiz.

Los límites de esa pócima de la austeridad a ultranza se vislumbran en Portugal, que esta misma semana ha aprobado nuevos recortes para tratar de cumplir con un déficit que no puede alcanzar. No es descartable que España siga ese mismo camino a cambio de la varita mágica del BCE y del fondo de rescate de Bruselas.