OPINIÓN

Por qué es una intervención

¿Por qué el rescate a la banca española a través de su Gobierno implica una intervención de España en toda regla?

En tiempo de confusión aclaremos conceptos básicos: los de “rescate”, “condicionalidad”, e “intervención”. El rescate es una operación de inyección de dinero público nuevo a un país —o un sector— que lo necesita para evitar la catástrofe, y no puede obtenerlo en los mercados. No puede: atraviesa la crisis y habita en la parálisis. Necesita gastar/invertir para que la economía arranque. Pero le urge desendeudarse, pues la factura de los intereses de la deuda le detrae los recursos que debería dedicar a invertir, incrementar el consumo, la demanda, relanzar la economía. El rescate le libera de los monstruos que secuestraron a la princesa de su economía.

Visto desde otro ángulo, un rescate sirve para sortear una “trampa de liquidez” (de tesorería, de circulante), aunque no de solvencia (el activo o patrimonio es mayor que el pasivo o deuda) de un país. Esa trampa ocurre cuando los tipos de interés están tan bajos, cercanos a cero, que al sobrevenir una crisis, la política monetaria del banco central (el manejo de la cantidad de dinero en circulación y de su precio, los tipos de interés) no puede actuar, pues apenas puede rebajar los tipos, no pueden ser negativos. Entonces, agotado el margen de la política monetaria, quedaría el recurso a la fiscal, a un presupuesto expansivo que estimulase la demanda. Pero si el endeudamiento es alto, como es el caso, ese camino está cegado.

Agotada la apelación a la política monetaria, a la expansión fiscal y a los mercados que la financien —es el caso del Reino de España: no puede endeudarse más en el exterior para recapitalizar sus desmayados bancos—, solo queda el apoyo internacional, la puesta a disposición de los recursos necesarios por un tercero. El organismo especializado, el FMI; o los socios, la UE.

El memorando del rescate bancario consagra la “vigilancia” de la troika a toda la economía española

El FMI, la UE o cualquier prestamista, actúan más o menos como un banco sensato. Imponen condiciones tendentes a asegurar el cobro del préstamo y exigen garantías de que en el peor de los casos lo recuperarán. Las condiciones (“condicionalidad”) son contrapartidas constituidas por medidas presupuestarias y otras que sitúen al deudor en posición de poder devolver el crédito. Para asegurar su cumplimiento se produce la intervención: es macroeconómica si versa sobre el conjunto de la economía; es sectorial si sobre un sector (la banca). En la UE las ha habido de distinto formato, y mixtas. Pueden ser puntuales o de larga duración, y de intensidad alta, baja o media.

En el caso de España, el rescate es al sector bancario, pero con garantía del Estado. Se trata, pues, no de una mera ayuda de mercado, sino con garantías públicas.

Y la condicionalidad versa tanto sobre los bancos individuales beneficiarios, como sobre el sector bancario (por eso es “transversal”), como sobre el conjunto de la economía. La autoridad competente trata de negar esto último, pero yerra, se obnubila, se engaña o trata de confundirnos.

Agarren el Memorandum of understanding del pasado lunes, disponible en la web de este diario, el contrato por el que se sustancia y organiza el rescate. Lean el artículo 29 y siguientes. El control, las visitas e inspecciones de la troika se harán no solo sobre la banca, sino también sobre el conjunto de la economía: “Hay una estrecha relación entre los desequilibrios macroeconómicos, las finanzas públicas y la salud del sector financiero [de modo que los desequilibrios] serán periódica y estrechamente vigilados en paralelo” con el control sobre los bancos.

Dicho de otra manera. España debía ya cumplir las recomendaciones/instrucciones del Eurogrupo y el Ecofin (véase Reper, 11023/1/12, de 20 de junio) en cuanto estaba sometida al proceso de déficit excesivo y al de desequilibrios macroeconómicos, so pena de amenazas de multa. Ahora hay más deberes, a cambio de relajar un año el calendario de reducción del déficit.

Ahora, además, esta obligación de tomar medidas [algunas que anunció ayer Mariano Rajoy figuraban ya en el Memorándum, artículo 31], se incorpora al manual del rescate de los bancos [artículos 30, 32 y 37]. Aumentan así su potencia vinculante: en caso de incumplirse en el estricto calendario fijado, la UE puede negarse a entregar los sucesivos tramos parciales de los 100.000 millones destinados al rescate bancario. Por eso, España está claramente intervenida, aunque en formato más suave que Grecia, porque seguirá actuando la Intervención General del Estado, antes que otra: aunque bajo los designios de la troika. Y en caso de rencillas, siempre queda el anexo 1.6: “Más adelante podrán añadirse ulteriores exigencias”. Más claro, el agua.

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