Goirigolzarri, sobre las ayudas: “Es capital y no hay que hablar de devolver nada”

El presidente de Bankia exculpa a su antecesor, Rodrigo Rato, de la situación de la entidad y excluye la necesidad de más ayudas públicas

Bankia tiene un agujero de más de 23.000 millones de euros, una cartera de 10 millones de clientes, unos 20.000 trabajadores con el alma en vilo y una cifra muy redonda de responsables por el fiasco: cero. Ninguno. La entidad pidió el viernes el mayor rescate financiero de la historia de España y culminó así una semana aciaga en los mercados, con el riesgo país en máximos históricos y la Bolsa en niveles de hace nueve años. Lo voluminoso de estas ayudas abona el riesgo de que Madrid tenga que pedir auxilio europeo para insuflar capital a sus bancos, algo de lo que el Gobierno no quiere oír hablar. Este es el escenario en el que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se presentó en la cumbre informal del pasado miércoles en Bruselas e intentó ganar apoyos para que el Banco Central Europeo (BCE) calme la tensión. Por más reformas y ajustes que apruebe el Ejecutivo, “si las deudas públicas no se pueden sostener, tenemos un problema”, advirtió.

España va a necesitar mucho dinero a corto plazo. Ayer el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, recalcó que los fondos públicos que recibirá no pueden considerarse ayuda porque no será vía préstamos sino ampliaciones de capital, así que no ha lugar al concepto devolver. “Es capital y no hay que hablar de devolver nada, sino de crear valor para los accionistas”, apuntó en la rueda de prensa en la que presentó el plan de capitalización. Insistió al ser repreguntado: “No son ayudas, ni aportaciones a fondo perdido, y será responsabilidad de los gestores crearles valor”.

La cuestión es si esa recuperación de valor será posible en el plazo de tres años que teóricamente estaba fijado para que el fondo de rescate bancario (el FROB) salga del capital de las cajas intervenidas. El grupo nacido de la fusión entre Caja Madrid y la valenciana Bancaja, junto con otras cinco pequeñas entidades, ha pedido al Estado 19.000 millones de capital que se suman a los 4.465 millones ya inyectados: casi 23.500 millones. El equipo de Goirigolzarri ha llegado a la cifra después de analizar las tripas de la entidad y aflorar 13.000 millones más en créditos tóxicos —de los cuales 9.700 corresponden al sector del ladrillo— tras pasar revista a muchos activos que hasta ahora se consideraban sanos. Con ese último cálculo, ya suman más de 40.000 millones los activos tóxicos en BFA, matriz de Bankia. También se ha ajustado él valor de otros créditos y activos ya adjudicados (inmuebles embargados).

No hay consenso político en este proceso. El PSOE “no avalará la aportación de un euro más de dinero público en Bankia sin saber lo que ha pasado, de quién es la culpa y cómo se va resolver”, advirtió ayer el líder de los socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba. De momento, el Gobierno ha evitado que los antiguos gestores de Caja Madrid y Bancaja comparezcan en el Congreso. Sí que ha pedido hacerlo el propio gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, cuyo papel está ahora en tela de juicio.

Goirigolzarri eximió de responsabilidad a Rodrigo Rato, expresidente de Bankia, y defendió que este llegó a la entidad en momentos “tremendamente convulsos”, con cambios regulatorios, y pilotó la difícil fusión y la salida a Bolsa de la entidad. No se refirió a Miguel Blesa, que gestionó Caja Madrid durante 13 años, antes de que Rato le relevara en 2010. “No vengo a depurar responsabilidades”, dijo, y llamó a la prudencia a la hora de emitir juicios porque, recalcó, las necesidades de recapitalización no se deben a nada más que “al deterioro de los activos y los cambios regulatorios”, que han subido las exigencias de cobertura a los bancos ante posibles impagos.

El ministro de Economía, Luis de Guindos, tampoco se mostró en el Congreso muy interesado en las responsabilidades: “Ahí está la Fiscalía, yo no tengo vocación de ángel vengador, cuando uno vuelve la vista atrás se vuelve una figura de sal”, se despachó Guindos, exresponsable de Lehman Brothers para España y Portugal.

La recapitalización del cuarto grupo bancario español se ejecutará mediante una ampliación de capital de BFA que suscribirá el Estado. De los 19.000 millones adicionales, 12.000 irán a parar a Bankia mediante otra ampliación, esta con derecho de suscripción preferente para los accionistas ya existentes, pero garantizada por el Estado. El proceso acabará en otoño. Son cifras mareantes, pero alguna referencia permite hacerse una idea de la magnitud: esos 23.500 millones de rescate público representan cuatro veces el presupuesto público en investigación.

El nuevo patrón de Bankia presentó la petición al FROB y al Banco de España el miércoles y el jueves le dieron luz verde. Los 19.000 millones extra duplican los 9.700 millones que había pedido Rato y cubren casi todos los vencimientos de deuda mayorista de Bankia hasta el final de 2014.

Con los saneamientos planteados, la tasa de cobertura sobre la cartera crediticia total es del 13,1% y del 44,5% en el crédito inmobiliario. La entidad ha reforzado su red de seguridad ante impagos no solo en créditos vinculados al ladrillo, sino también hipotecas de particulares o de empresas no inmobiliarias. Supera las exigencias de la última normativa del Gobierno, de mayo, por lo que Goirigolzarri confía en no llevarse sorpresa alguna en las auditorías que dos firmas internacionales preparan sobre todo el sector.

Eso es lo que dispara las alarmas de los mercados, que hace tiempo que dejaron de creer en las cuentas de la banca española. El presidente de Bankia advirtió en su presentación a los analistas que la entidad “es muy específica, sus niveles no son extrapolables al resto”.

El FMI identificó un 30% del sector financiero español vulnerable, que ya está intervenido por el Estado o ha recibido ayudas del FROB, y Bankia representa el grueso de este grupo problemático porque representa alrededor del 10% de la industria. El grupo reformuló sus cuentas de 2011 y los 305 millones de beneficios declarados en su día se tradujeron en una pérdida de 2.979 millones. En su memoria, la entidad se justifica ante sus accionistas y dice que el folleto informativo contenía avisos sobre los riesgos. Podrán justificarse en persona el 29 de junio en Valencia, en la junta de accionistas.

Tras la dimisión y relevo del Consejo de Administración, el nuevo equipo debe preparar el plan estratégico, que presumiblemente conllevará cierres de oficina y reducción de empleo. También venderá sus participaciones en empresas (Bankia es accionista de Iberia-British, Realia o Iberdrola, entre otras).

Goirigolzarri señaló que no prevé convertir en capital las participaciones preferentes (un producto de inversión muy complejo en el que han quedado atrapados miles de pequeños inversores), pero aseguró que la búsqueda de una solución es su prioridad. Aclaró que no se plantea fusionar BFA con Bankia. Ni una palabra dijo sobre la posibilidad de un rescate europeo o la idea de unir Bankia con otras entidades nacionalizadas: Catalunyacaixa, Novagalicia Banco y Banco de Valencia. Quiso dejar claro que Bankia “es una buena franquicia” y su proyecto no es otro que convertirlo en un banco “sólido, eficiente y rentable”. Los que sí se pronunciarán sobre toda esta ensalada de cifras e incertidumbre serán los mercados. España inicia el lunes otra semana al rojo vivo.

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