Irreverente, pero no tanto

El viceministro de Economía argentino, Axel Kicillof, goza de gran influencia en la presidenta

El viceministro de Economía de Argentina, Axel Kicillof. / MARCOS BRINDICCI (REUTERS)

La primera impresión que se llevaron los directivos de Repsol-YPF cuando tuvieron que vérselas con el viceministro Axel Kicillof fue buena. Durante las tensas reuniones en las que el Gobierno argentino pedía más inversiones a Repsol había dos ministros presentes. Pero quien llevaba la voz cantante era Kicillof, el único que se permitía el lujo de no vestir corbata. “Parecía como si se hubiera escapado de una asamblea universitaria. Sus opiniones sobre la empresa privada eran muy dogmáticas”, recuerda un testigo. “Pero era el único que parecía creerse lo que decía”. Les pareció una persona honesta. “Los demás podían sostener una cosa y la contraria con tal de permanecer en el poder. Y hablaban pendientes del efecto de sus palabras en Kicillof. Porque sabían que, a diferencia de todos los ministros argentinos, él tiene acceso directo a la presidenta”.

La voz de Kicillof era también la que expresaba opiniones más radicales. En la compañía se tenía la impresión de que era él quien diseñaba la expropiación. Al final fue él quien lo expuso el martes ante el Senado de Argentina durante un discurso de casi dos horas y media.

A su lado estaba el ministro de Planificación, Julio de Vido, y actual interventor de YPF. Kicillof, en principio, solo es viceinterventor de YPF, pero el título informa poco de su verdadero poder. Casi toda la exposición del proyecto de ley frente a los senadores corrió a su cargo. Se presentó de nuevo sin corbata y apenas recurrió a la ayuda del ordenador que tenía al lado. Mostró una solvencia, un desparpajo y una elocuencia fuera de lo común. Con las cifras, con los argumentos y también con los insultos. De forma más o menos directa tachó al presidente de Repsol, Antonio Brufau, de tarado y soberbio. Habló de papanatas, payasos, papagayos y estúpidos al tiempo que introducía menciones a elefantes. Movía las manos de forma enérgica, golpeó varias veces la mesa, dijo que no estaba para dar lecciones a ningún país, pero pidió dignidad a los españoles y aludió a los “guitarristas del mercado”.

Kicillof se graduó con diploma de honor en la facultad de Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Fundó en 1992 la asociación estudiantil TNT (Tontos pero No Tanto), de corte izquierdista. Después ingresó en la asociación peronista juvenil La Cámpora, que lidera Máximo Kirchner, hijo de la presidenta. Fue ascendiendo hasta ser nombrado subgerente de Aerolíneas Argentinas y viceministro en diciembre. A sus 41 años cuenta con un aspecto más juvenil que el que su edad podría reflejar.

Profesor y autor de varios libros sobre teoría económica, Kicillof ha demostrado también que puede moverse con habilidad en el laberinto de los pasillos peronistas del poder. Cuando tuvo que elegir entre su espíritu irreverente o el acatamiento de las mediciones oficiales de la inflación, optó por la obediencia. La energía de la que hizo gala el martes para explicar cómo Repsol “vació” y expolió a YPF, no suele derrocharla en denunciar una inflación que la secretaría de Comercio cifra por debajo del 10% y todos los estudios independientes la sitúan por encima del 20%.

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