OPINIÓN

Presupuestos 2013

Las cuentas de este año, sin un solo guiño al crecimiento económico, auguran un futuro de más recesión

Supongamos (lo que significa ser optimistas) que no hay accidentes por el camino —no hay intervención europea, ninguna entidad financiera cae en riesgo de quiebra, la amnistía fiscal a los defraudadores da sus frutos, no se hunde la recaudación y hay que incrementar otra vez los impuestos…— y llegamos vivos al 1 de enero de 2013. Este día, el Gobierno tiene que iniciar otro gigantesco plan de recortes para reducir el déficit público en otros 28.000 millones de euros, según los compromisos adquiridos con Bruselas, lo que supone un esfuerzo un poco mayor, incluso, al de este año.

Se supone que entonces la sociedad española, en casi todos sus segmentos, habrá llegado exhausta y más pobre por la aplicación de los Presupuestos del año en curso y por la “extremadamente agresiva” reforma laboral. ¿Cómo se dará la nueva vuelta de tuerca a las cuentas públicas, para pasar de un déficit público del 5,8% al 3%, un porcentaje “sagrado”?, según el presidente de Gobierno. ¿Cuál será la mezcla de la política económica? ¿Subirá de nuevo el impuesto sobre la renta hasta el punto de que España será el país europeo con un IRPF más alto (incluso más alto que el de los países nórdicos?), ¿el de sociedades?, ¿el impuesto sobre el valor añadido? … ¿Habrá una nueva amnistía fiscal? ¿Qué gastos se recortarán otra vez: becas, sanidad, educación, protección al desempleo, pensiones, sueldo de los funcionarios, dado que el pago de la deuda pública es sagrado y prioritario según la última reforma constitucional?

En enero empieza otro ajuste, aún más duro. ¿Qué efectos tendrá sobre las víctimas de los grandes recortes?

No es arriesgado pensar que se añadirá recesión a la recesión. Una crisis tan profunda como larga. En los Presupuestos 2012, presentados por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, no hay ni un solo guiño al crecimiento económico ni la más mínima esperanza, más allá del lenguaje de madera utilizado. Igual respecto al empleo. Todo lo contrario: según el cuadro macroeconómico habrá un ineluctable crecimiento del paro (imposible de remediar se haga lo que se haga) de 630.000 personas, mientras la protección al desempleo se reduce en casi 2.000 millones de euros porque la cantidad de ciudadanos que ya han consumido el periodo al que tenían derecho aumenta extraordinariamente. Crece el desempleo y se reduce la protección al mismo. La universalidad del Estado de bienestar se rompe.

En breves semanas el Gobierno tiene que presentar en Bruselas el programa de estabilidad y su cuadro macroeconómico a medio plazo. Más allá, el Consejo de Ministros habrá de hacer público el techo de gasto para el año que viene y poco después, al tiempo que los Presupuestos 2012 son aprobados en el Parlamento, el Ejecutivo dará el visto bueno al proyecto de Presupuestos para 2013. Con otro tajo de casi 30.000 millones. En total, 55.000 millones en dos años. ¿Qué efectos tendrá en la sociedad española, en su cohesión, en el funcionamiento del sistema? Exigimos conocer la opinión de Bruselas y sus economistas, también sobre estos asuntos. No solo sobre el porcentaje de déficit público. Una exigencia retórica, dada la experiencia adquirida.

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