Selecciona Edición
Iniciar sesión

Contra la crisis, creatividad

Empresas y escuelas de negocios fomentan el liderazgo innovador

The Amsterdam School of Creative Leadership (THNK) ofrece formación para potenciar la imaginación del directivo.

Tuija Pulkkinen es finlandesa, pero vive desde hace un tiempo en Barcelona. Ha pasado los últimos 15 años recorriendo mundo en diferentes puestos directivos, entre ellos 10 años en Nokia. Finlandia, India, Singapur, Hungría, España… Ahora busca un nuevo reto, subirse a otra multinacional o crear su propia empresa. Para conseguirlo, sin embargo, está convencida de que le falta un ingrediente: mejorar la creatividad y, más concretamente, el liderazgo creativo.

“En este entorno de crisis es muy importante aprender a trabajar fuera de tu zona de confort, desarrollar el pensamiento lateral para encontrar soluciones a los problemas, tener una mente abierta, olvidarse de los convencionalismos y saber cómo crear un ambiente de trabajo que inspire a tu equipo y le anime a colaborar, a cocrear. Eso es el liderazgo creativo para mí”, explica Pulkkinen.

El próximo marzo se trasladará a Ámsterdam para cursar un nuevo programa de formación de directivos centrado única y exclusivamente en estos aspectos. “Me pasé meses investigando escuelas de negocio y esta era la mejor opción”, dice. El centro, llamado THNK o Amsterdam School of Creative Leadership, acaba de nacer. Pulkkinen será uno de los primeros 25 directivos en probar su metodología.

Nace en Holanda una escuela de negocios específica de liderazgo creativo, THNK

El surgimiento de centros como THNK, una especie de escuela-boutique de negocios especializada en creatividad, y el mayor protagonismo que las empresas están dando a estas materias en su formación corporativa, demuestra la creciente importancia del liderazgo creativo en tiempos de turbulencias. “Cada vez más organizaciones demandan este perfil, alguien con mucha curiosidad, pasión y ganas de motivar equipos. La vida media de una compañía hace décadas era de unos 50 años. Ahora, con suerte llega a los 10. Una de las razones es la falta de líderes creativos, las compañías cada vez tienen más dificultades para encontrarlos”, explica en conversación telefónica desde Ámsterdam Mark Vernooij, director ejecutivo de THNK.

Las características del nuevo jefe

Hay muchas definiciones de creatividad, e incluso, debate sobre las similitudes y diferencias entre creatividad e innovación. Sin embargo, existe más consenso sobre qué es y qué deja de ser el liderazgo creativo. Según la Amsterdam School of Creative Leadership, se compone de cinco claves:

Mentalidad exploratoria. Curiosidad, criterio, capacidad de buscar inspiración en diferentes fuentes y habilidad de transformar la incertidumbre en un activo empresarial.

Pasión y objetivos. Un líder creativo sabe lo que quiere conseguir y por qué, se conoce a sí mismo, sus virtudes y defectos, y ejerce el liderazgo de forma natural.

Dirección de equipos. Debe saber cómo construir equipos multidisciplinares y darles poder para innovar. Más que un jefe debe ser un guía.

Orientación a resultados. La creatividad no sirve de nada sin resultados. Para lograrlos, un líder creativo debe ser capaz de convencer a la organización de la importancia del cambio.

Visión. No tener miedo a ser pionero, a arriesgar, a proponer soluciones disruptivas y a pelear por conseguir un futuro mejor.

 

Según un estudio de IBM realizado entre 1.500 consejeros delegados en decenas de países, un 60% identificó la creatividad como la habilidad de liderazgo más importante del futuro, por delante de la integridad y el pensamiento global. La capacidad de cambiar el statu quo de la empresa con estrategias nunca antes puestas en práctica, sentirse cómodo con la incertidumbre y convertirla en una ventaja, o saber innovar en procesos, productos y servicios, son algunas de las características de un líder creativo.

El problema, apunta Vernooij, está en las rígidas estructuras de las compañías, que, en lugar de estimular la creatividad, la suelen espantar. “La mayoría de las organizaciones fuerzan a las ideas a encajar en un plan de negocio. Pero las ideas disruptivas, por definición, no encajan en nada. Las empresas deberían flexibilizar su funcionamiento para permitir que fluya la creatividad”, explica.

Las compañías quieren recuperar la imaginación innata de sus empleados

William Maddux, profesor de comportamiento organizativo en Insead, coincide: “La burocracia mata la creatividad. Últimamente me sorprende el número de estudiantes que vienen de Google a nuestra escuela decepcionados porque ya no es tan divertido, ni creativo, ni flexible como antes”.

Maddux afirma que el entorno y las condiciones laborales son críticas para propiciar la creatividad. Y ofrece un par de ejemplos. En uno de los programas de Insead, los directivos viajan a África con el objetivo de decidir y operar en situaciones radicalmente diferentes de las que están acostumbrados en su día a día. “Les abre la mente de una forma que no lograrían si asisten a un seminario”, dice. En otro programa se reúnen en un barrio de cualquier ciudad para construir un parque infantil. “Ponemos a prueba su capacidad de liderazgo y de aportar ideas a la hora de construir cosas reales”.

La necesidad de fomentar la creatividad de los empleados está llevando a las empresas a reinventar los programas de formación. “Estamos diseñando uno para los 2.000 primeros directivos, con una duración de 14 meses, con el fin de desarrollar las capacidades que necesitarán en el futuro. La creatividad será algo transversal a todo el programa”, explica Bárbara Arimont, responsable global de desarrollo ejecutivo en Nestlé. Las actividades incluirán visitas a multinacionales de otros sectores, como operadoras de telecomunicaciones, ONG y cadenas de supermercados, charlas con los consumidores y sesiones sobre cómo generar innovación desde abajo, todo, con la esperanza de avivar el liderazgo creativo.

“La imaginación y la creatividad son innatas en cualquier persona, pero luego vamos perdiendo la confianza por el camino. Eso es lo que hay que recuperar”, explica Vernooij, quien cree que estas habilidades se pueden reaprender. THNK dedica un curso intensivo de seis meses a trabajar el pensamiento creativo, a través de clases y ejercicios prácticos, y un año adicional a poner en marcha una idea y crear un negocio. Lo malo: el coste del programa, 40.000 euros, al alcance de pocos bolsillos. “No creemos que sea excesivo, no existe nada parecido en Europa ni en Estados Unidos, las escuelas de negocios tradicionales apenas contemplan la creatividad en sus programas”, dice Vernooij.

Pulkkinen lo considera caro, aunque ella consiguió una beca, pero coincide sobre la ausencia de programas adecuados. “Las escuelas de diseño y de negocio se centran demasiado en el concepto tradicional de innovación, en cómo crear nuevos productos. Eso es importante, pero también la actitud, el pensamiento creativo. Sin creatividad no hay innovación”.