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España votará obligada a México para dirigir el FMI

Salgado afirma que prefiere a la francesa Lagarde pero que no podrá apoyarla porque el turno está ahora en poder del país latinoamericano

La ministra de Economía, Elena Salgado, ha lamentado hoy que España no podrá votar a la francesa Christine Lagarde para dirigir el Fondo Monetario Internacional (FMI) tal y como le gustaría. Según ha recordado la también ministra, España está presente en el organismo ocupando la misma silla que México, Venezuela y otros países centroamericanos. No obstante, su voto es "indivisible" y, en estos momentos, quien ostenta el puesto de director ejecutivo de la silla y por tanto es quien vota es México, con lo que apoyará a su propio candidato, el actual gobernador del Banco de México, Agustín Carstens.

Pese a ello, Salgado ha asegurado que "la consideración de España es que la ministra francesa [de Economía] es una excelente candidata y es quien nos gustaría que ocupara la posición del FMI". Una postura común entre toda la UE. Esto, ha añadido, "lo sabe el candidato mexicano incluso antes de ser candidato", pero el hecho de ser consciente de ello no variará el sentido del voto de la silla que comparte España.

El mexicano, que cuestiona que el FMI deba ser siempre dirigido por un europeo, y la francesa Christine Lagarde se encuentran inmersos en sendas giras internacionales para recabar votos para el Fondo Monetario Internacional, un relevo que se ha precipitado tras la dimisión de Dominique Strauss-Kahn.

Carstens, antiguo vicedirector gerente del FMI durante el mandato del español Rodrigo Rato, es partidario del llamado Consenso de Washington, un decálogo de medidas de política económica que deben seguir los países pero que ha perdido popularidad con la llegada de la crisis y la necesidad de adoptar otro tipo de soluciones a los problemas financieros.

En esencia, este conjunto de medidas aboga por mantener una férrea disciplina fiscal, la desregulación financiera y la inflación como parámetro central de la economía. Desde el punto de vista práctico, regresar a esta teoría supondría paralizar el proceso reformista en el que actualmente está embarcado el FMI.