Los trabajadores de Fiat aceptan un recorte en sus derechos para la que la planta siga en Italia

El acuerdo prevé nuevos turnos, con más horarios nocturnos y extraordinarios, y normas sobre los permisos de enfermedad, huelga y pausas

MIGUEL MORA | Roma 15 ENE 2011 - 18:05 CET

Los casi 5.600 trabajadores de carrocerías de la planta de Fiat en Mirafiori (Turín), inaugurada en 1939 y símbolo de la pujanza económica italiana de la posguerra mundial, aprobaron ayer en referéndum con un 54% de votos favorables el nuevo convenio ofrecido por la empresa bajo la amenaza de cerrar la fábrica.

Sergio Marchionne, el consejero delegado de Fiat-Chrysler, obtuvo un respaldo ajustada a su plan gracias a los votos de los empleados de cuello blanco, ya que entre los obreros el sí gano sólo por nueve votos de diferencia. En la consulta participó el 95% de la plantilla.

El resultado, que en opinión de diversos analistas, de Marchionne, del Gobierno y de la patronal Confindustria, supondrá "una revolución" en las relaciones laborales del país, demuestra que el estilo autoritario del gestor ítalo-canadiense de la Fiat ha partido en dos mitades a los trabajadores y los sindicatos, y refleja a la vez que la central mayoritaria, la excomunista CGIL, que tiene 350.000 afiliados y cuya división metalmecánica, la FIOM, rechazó el acuerdo, ya no tiene la fuerza que tenía.

El referéndum situaba a los trabajadores ante varias novedades históricas. A cambio de invertir 1.000 millones de euros para construir coches Jeep y Alfa Romeo desde 2012, Marchionne ofreció una propuesta de tomar o dejar -según la Fiom, "un chantaje"-. El nuevo convenio colectivo debía ser firmado con la empresa en vez de seguir, como es tradición, el pacto nacional; y los trabajadores debían renunciar a algunos derechos adquiridos, entre ellos el de huelga y representación sindical y algunas bajas por enfermedad, además de recortar las pausas y la comida y de reordenar los turnos.

Para animar a lograr esos objetivos que buscan reducir la brecha de productividad frente a otros países, aumentar la competitividad y reducir el absentismo hasta un 3%, Fiat puso sobre la mesa una pequeña subida de sueldo lineal, derivada de la ampliación de los turnos de noche. Según observadores como Pietro Ichino, Mario Deaglio o Tito Boeri, el "ciclón Marchionne" deroga de facto varios artículos del Estatuto de los Trabajadores, atenta contra el pluralismo sindical y marca el final de las relaciones industriales creadas en Italia tras la II Guerra Mundial.

Tras semanas de tensión en las que el primer ministro, Silvio Berlusconi, dijo comprender que, si ganaba el no, Fiat se marchara de Italia, ayer los protagonistas parecieron acercar posturas. Marchionne elogió a los trabajadores y señaló que se han rebelado contra el declive y el extremismo. "Los que han votado a favor han sabido mirar lejos y hacen bien a un país que siempre ha sido inmovilista".

La CGIL, a través de su secretaria general, Susanna Camusso, llamó a reabrir la negociación y afirmó que el referéndum demuestra que las fábricas no son cuarteles. "No se puede gobernar Mirafiori sin consenso. La patronal y Marchionne deben saber que hace falta definir las reglas de representación y democracia y dejar de lesionar derechos". El sindicato ha llamado a la huelga general el día 28.

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