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Los controladores abandonan el hotel Auditórium escoltados por la policía

Algunos viajeros increpan a los causantes del caos aéreo.- Los agentes acudieron al hotel donde se concentraban y les informaron de las consecuencias de sus actos

En medio de escolta policial para evitar que les agredieran pasajeros furiosos, la cincuentena de controladores aéreos reunidos en el hotel Auditórium de Madrid, en donde habían pasado el día de huelga durante el que consiguieron cerrar el espacio aéreo español, comenzaron a la 1.30 horas de la mañana de este sábado a abandonar la sala de conferencias en la que permanecían escondidos. Los trabajadores se habían reunido en este hotel cercano al aeropuerto de Barajas para planificar su protesta y permanecieron ocultos allí hasta que hacia las 23.00 horas la policía y los responsables de la Agencia Española de la Seguridad Aérea (AESA) aparecieron para informarles de que el presidente Zapatero había ordenado a los militares tomar las torres de control.

La Guardia Civil de Barajas identificó a todos los controladores presentes en la sala. Después de reunirse con los controladores, un responsable de AESA informó de que los trabajadores no querían dar su brazo a torcer y de que, a simple vista, "no tenían pinta de estar enfermos". Los trabajadores alegaban la baja médica como excusa a esta huelga encubierta. "Los agentes están ahí para ver qué se cuece, y para informarles en todo momento de las consecuencias legales que tendrá su decisión", dijo una fuente del Instituto Armado.

Un buen número de pasajeros que habían perdido sus vuelos se hospedaban precisamente en el hotel. A medida que avanzaba la noche, los ánimos fueron crispándose. "¡Dad la cara, sinvergüenzas!", gritaba en la puerta de la sala Isabel Pérez, de 21 años, a quien el cierre del tráfico aéreo ha impedido volar a Irlanda. Otros viajeros se mostraban más resignados: "Ya no podemos hacer nada", decían Inma y Chelo, que no han podido realizar su viaje previsto a Katowice (Polonia), para visitar a su hijo. Esta noche se tuvieron que conformar con una vídeollamada a través de un ordenador portátil.

Una veintena de los frustrados pasajeros esperaban la salida de los controladores para increparles y perseguirles por los pasillos de la instalación. Uno de los viajeros llegó a lanzar una silla contra uno de los trabajadores que se dirigía al aparcamiento a por su coche. "No tenemos nada que decir", aseguraba uno a la salida sin dar más explicaciones. Los antidisturbios les escoltaron hasta que lograron abandonar el hotel.

El director del hotel confirmó que los controladores habían reservado el salón Príncipe Felipe a las 13.00 horas del viernes. Algunos de ellos, junto con personal de seguridad del hotel, permanecieron durante gran parte de la tarde en la puerta del salón para impedir la entrada a cualquiera que no portara el carné profesional. La dirección del hotel pidió a los periodistas que no tomaran fotos en el interior, ya que se trataba de una "reunión privada".

Durante toda la tarde, en las redes sociales algunos mensajes pusieron el punto de mira en el hotel madrileño. De hecho, la propia empresa lanzó un mensaje llamando a la calma en su perfil en Twitter : "Ante todo, mucha calma, que las cosas no se solucionan con violencia". Por su parte, César Cabo, portavoz del sindicato de controladores, explicaba desde su Facebook: "Estamos intentando que vuelva la normalidad a los aeropuertos y que reine la cordura. El sindicato ha hecho un llamamiento a los compañeros para que la tensión se tranquilice".